
En mi condición de peroncha irredenta, le respondí lo siguiente:
Para empezar, entiendo que cuando decís “esos son dos hijos de puta” te referís a la Señora Presidenta de la Nación, elegida como tal por el 45% del electorado (ups… estoy olvidando el fraude denunciado por Carrió, que quedó más de 20 puntos detrás, porque cuando nosotros hacemos fraude, lo hacemos bien, qué joder), y a su señor esposo, ex Presidente de la Nación y actual presidente del partido mayoritario. Al menos por esos datos merecerían un poco más de respeto de tu parte.
Ahora bien: estos dos “hijos de puta” –como vos los llamás- les dieron aumento y movilidad a los jubilados, se sacaron de encima al FMI, bajaron la desocupación, llamaron a paritarias, están metiendo en cana a los genocidas, reestatizaron Aerolíneas, recuperaron los Astilleros Río Santiago, mejoraron la distribución del ingreso, lograron que la Argentina no baile al son del efecto jazz (al menos no tanto como se pronosticaba), construyen escuelas y hospitales, reactivaron la obra pública, incentivaron el consumo, mantuvieron una estabilidad económica que sólo se disparó a la mierda cuando cuatro tipos hicieron el más feroz paro del que se tenga recuerdo, cortando durante 120 días las rutas y desabasteciendo a todo el país (por cierto, yo no podría estar cuatro meses sin laburar, parece que ellos tienen resto suficiente como para hacerlo). Y estas son sólo algunas de las cosas, las primeras que vienen a mi memoria. Ahora, si por estas cosas son “dos hijos de puta”, pues bien, creo que deberé revisar mi concepto de hijaputez.
Para seguir: sí, soy pingüinista. Pero yo no milito para los hijos de puta. YO MILITO POR UN MODELO DE PAIS industrializado. Apuesto a un proyecto que, casualmente, es el que está llevando adelante este gobierno, un gobierno que me representa, por primera vez en mi vida. Resulta que yo quiero un país distinto a este, agroexportador y por lo tanto subdesarrollado, en el que no puedo comprarme un par de zapatos de los que vos fabricás, sin resignar el pago de al menos la mitad de mi alquiler, en el que hay gente que no puede comprarse los zapatos que me compro yo, y en el que hay gente que no puede siquiera comprarse zapatos. Y mientras esa gente no puede comprarse zapatos, hay tipos que se tiran esa guita en un almuerzo en Puerto Madero. Este país injusto es el que no quiero. Y por eso milito, es decir, me involucro.
Para ir terminando: el mail que reenvié y que escribió un compañero muy lúcido, habla justamente de eso, de involucrarse. Como cuando uno se mete de novio, viste, y cede parte de su libertad y su individualismo en pos de un proyecto común. Nosotros, los militantes, estamos de novios con la Patria, y restamos tiempo a la rascada de huevos, a los amigos, a nuestras parejas, a nuestros hijos, a nuestro presente, porque laburamos para el futuro de todos. Nos importan cosas que no tienen que ver con la cuenta bancaria o la última laptop. Y nos reproducimos. Hace unos meses mi hija regaló sus lápices, libros y juguetes a la hija de una cartonera que siempre viene a casa y que vive bajo la autopista. Se quedó sólo con el primer bebote que pude comprarle y una Barbie que le regaló mi mejor amigo haciéndose pasar por los reyes magos, porque yo como Papá Noel no había podido comprársela. Se quedó con esas cosas como símbolo del esfuerzo y la solidaridad que parece que ya se le hicieron carne. Esos hijos criamos nosotros, bien lejos de otros hijos que chillan a gritos si no les comprás un celular con pendorchos y cositrulos. De eso hablaba el mail. Y de que los que se dicen apolíticos, siempre hacen política, aunque no lo admitan. Fijate qué tanto es así, que mandan un mail como el que vos me hiciste, insultando a los tipos que apoyo, que son los que tienen la responsabilidad de gobernar un país, nada menos. Aún cuando todo el establishment mediático, la timba financiera, el poder agrogarca, intente tirarlos al bombo.
Por último, agradezco que me sigas queriendo, pero si es mucho esfuerzo, dejá nomás. Hay un montón de vagos y malentretenidos, atorrantes, ñoquis arribistas, que van a las marchas por el chori y por la coca, a los que quiero y me quieren, porque queremos el País donde nacimos.
Rox















