"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE
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jueves, 27 de octubre de 2011

EL TIPO (y yo)

Aquel 27 de abril le fiscalicé en una escuela de Quilmes. O le quise fiscalizar, porque a mitad del día me sentía muy mal, muy débil, y me fui a casa. Al otro día, al médico que me dejó internada, sin entender cómo podía estar parada teniendo poco más de dos millones de glóbulos rojos. Así estaba yo cuando el tipo entraba en el ballotage, anémica hasta la puta madre.

Mis compañeros de Quilmes le tenían fe. Yo, no mucha, machucada como estaba de tanta derrota, de tanto hijo de puta que había hecho mierda mi partido y mi Patria. Pero a los pocos días, Me*em se bajó y el tipo habló por radio. Yo lo escuché cuando venía en el Roca y me quedé dura. Este tipo me gusta, este tipo es el tipo, me dije. Y empecé a creer un poco. Llegué a la legis y le dije a Pablo "el tipo es kirchner". Nadie le confiaba mucho, por el tema de que lo había "elegido" Tachuela, a ninguno nos gustaba eso, pero bueno, es lo que hay.

El 25 de mayo no fui al Congreso. Lo vi por la tele. Dije "el tipo está loco" cuando lo vi jugar con el bastón. Escuché atentamente, escuche a un tipo que se declaraba hijo de las Madres de Plaza de Mayo y decía que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Y ahí el tipo se convirtió en mi Presidente.

Un par de días después, el tipo le pegó una patada en el culo a toda la cúpula militar, incluido Brinzoni, al que le pegó un sosegate cuando el milico se atrevió a cuestionar la decisión presidencial. Con eso desarmó el arreglo que había abrochado Tachuela y me demostró que no era ningún chirolita.

Pasaron los días, los meses y el tipo seguía construyendo Patria. Bajaba las leyes de impunidad, hacía bajar el cuadro, mandaba a la mierda al FMI, al ALCA, que no nos vengan a patotear, le dijo en la propia jeta a Bush. El tipo estaba loco y se ganaba mi corazón a puro huevo.

El Pueblo empezaba a ser feliz y la Patria, grande. Tan grande que entraban los países hermanso a quienes siempre le habíamos dado la espalda. Yo no podía creer lo que pasaba, pasaba lo que siempre había soñado, Latinoamérica se unía poniéndose de pie ante el imperialismo. Y era obra de este tipo.

El tipo dejó el sillón y nos dejó una Presidenta de puta madre. Nos mintió un café literario, cagándose de risa, como era su costumbre, qué lindo es recordar cómo se reía.

Vino la andanada destituyente y el tipo se calzó los guantes para defender a su compañera y a las instituciones. En ese tiempo se armó Carta Abierta, y yo empecé a ir, simulando que era una intelectual, já. Un día me dice Coco Plaza "viene Néstor". Naaaaaaaaahhhh, me jodés. Y sí, el tipo vino, y el Coco, que es un compañerazo, le dice "flaco vení, te presento a una compañera". Y el tipo viene, me saluda, se saca la foto conmigo. Y no se saca la foto así nomás, me abraza, me pone en el hombro su mano pesada, me pega el cuerpazo, lo abrazo de la espalda y siento al tipo ahí, como cuidándome, como que nada malo puede pasar, como un hermano mayor que está dispuesto a cagar a trompadas a cualquiera que se te acerque.

La otra vez que lo tuve cerquita fue cuando tuve que conducir un acto del Frente Transversal en el Luna. Reproduzco acá lo que escribí en aquel momento:



"...Y empiezan los discursos. Y el infarto tan cerquita… Porque te cambian mil veces la lista de oradores. Porque cinco tipos te dan órdenes y contraórdenes simultáneamente. Y alguien tira la bomba: “en veinte minutos llega Néstor” ¡Aaaaaaacabáramos! Un sobre con ántrax no causaría el mismo efecto. Viene Dios.

Los monos de Dios, que ya estaban en el escenario, cobran vida. Y empiezan a darte órdenes. A vos y al pinta de nabo que por un momento cree, pobre, que él va a anunciar la llegada de Néstor. Que ya está ahí, parece. Tenés que anunciarlo. Tenés que decir lo que los muchachos más quieren oirte. Y vas, exultante, y les gritás que preparen los bombos y las gargantas porque llegó el compañero Néstor. Y los muchachos explotan. Y empiezan a corear, mientras en el escenario alguien te dice que no y todos los demás se dan vuelta hacia el lugar por donde va a entrar Dios. Ahí caés en la relatividad del tiempo. Los segundos más largos del día. No sabés cuántos son, parecen interminables esos segundos en los que Néstor no aparece y vos vas pensando cómo mierda hacés para decirle a los muchachos que no, que no está, que mientras seguimos esperando va a hablar Depetri, o va a cantar Copani, o les vas a pasar una receta de cocina.

Pero ahí entra Néstor y el alma te vuelve al cuerpo. Canta Copani, habla Depetri. Cierra Néstor y lo tenés que anunciar. ¿Y qué carajo decís? Entonces un rayo catódico te alumbra la neurona y gritás la frase que al otro día sale en Clarín: “Habla el artífice de la recuperación de la Patria…. ¡¡¡compañero NestorrrrrrrKiiiirrrrchneeeerrrr!!! Lo decís convencida y abajo lo escuchan convencidos. Ya está. Te podés morir si querés, mientras los muchachos explotan y los de la tribuna norte empiezan a irse, carajo, ¿para eso rompieron tanto las bolas
?

Después de aquello, la derrota del 2009, seguía la construcción de la Patria Grande, el tipo se va a la Unasur, es un mostro que crece y se gana todo, ya no sólo mi corazón.








Y el día, hace un año. El tipo, que está loco, va y se muere. Puta madre. ¿Qué hacemos? ¿Qué hago? Viene el abrazo de mi hija, que me contiene, puta madre. Busco el hombro de mi compañero, desolado como yo, puta madre. Nos vamos a la plaza los tres, nos encontramos con decenas de miles, todos hechos mierda como nosotros, puta madre. Nos comemos quince horas de cola y no, no llego, el cuerpo dice no y me desmayo, recontra puta matre. La Patria queda desprotegida ¿queda desprotegida? No. Ni la Patria ni yo quedamos desprotegidas. Ni los viejitos, ni los pibes, ni las mujeres, ni nadie. Nadie queda desprotegido porque queda Ella, ahí paradita en medio de su dolor, custodiada por el Pueblo, por nosotros, que el domingo triunfamos, que ayer triunfamos metiendo en cana a los genocidas. Ella y nosotros. Y ni Ella ni nosotros aflojamos, porque eso, eso nos enseñó el tipo.








He dicho

lunes, 17 de octubre de 2011

LA TELE

Está ahí, cuadrada y plateada. Es una Hitachi de 21 pulgadas que compré hace un par de años por un crédito en la mutual. Habla casi todo el día. Habla y muestra imágenes, muchas de las cuales yo ni veo, porque la tipa está prendida casi como si fuera una radio. Pero de cuando en vez me llama y me ancla al sillón por unos minutos.

En sesenta años nos mostró de todo. Lo primero que yo me acuerdo es cuando Pipo Pescador me cantaba se equivocó la paloma y dibujaba detrás de un vidrio. Un día leía las cartitas que le mandábamos los chicos y sacó la mía, una postal con los reyes magos que medio se movían por un efecto de textura. Fue la primera emoción que me regaló la tele. Otro día salió el Zorro de la pantalla y no sé por qué milagro apareció en la Rural. Con su capa, su antifaz y su caballo Tornado me regaló un beso en la mejilla y abrió una puerta por la que la tele y la realidad se comunicaban, cosa e' mandinga.



Poquitos, muy poquitos años después se tiñó de negro. Hubo gente que ya no salía por ahí. Hubo gente que no salió más a la luz de sol. Pero no quiero irme de tema. Y el tema es la tele.



Bicho raro, querido y odiado. Me ha provocado risa, lágrimas, puteadas a granel. Me ha enganchado con cada pelotudez de novelas venezolanas más malas que los spots de Ricardito. Me ha tenido horas y horas escuchando discursos de senadores que terminaron en una traición anunciada. Me ha mostrado luces y sombras (a veces más sombras que luces ) de una historia que íbamos haciendo casi sin darnos cuenta. Una historia que incluía la quema de un cajón en vivo y en directo, levantamientos militares que nos llevaron a la Plaza a defender al padre de este pajarón que era nuestro presidente -aunque no nos gustara a muchos- pero era un Presidente, el episodio de Villa Martelli, inentendible si no pensamos mal de algunas gentes, secuestros, marchas, represiones, sentencias que inauguraron el fin de la impunidad en esta bendita Patria, y de un tiempo a esta parte nos regaló anuncios, anuncios que se hicieron realidad, aumentos de la jubilación, asignación por hijo, más vacunas, más escuelas y no quiero seguir porque otra vez me voy de tema.


Desde los culos y tetas de Porcel -casi inocentes desde el hoy- hasta los culos y tetas de Tinelli, pasando por los almuerzos donde se indignó la digna Cecilia Rossetto, el que se venga el principito, el que se vayan todos, televisión por la identidad, la caída del muro de Berlín, la muerte del Papa, la elección del Papa, la muerte de Bin Laden, la invasión a Irak, el rescate de los mineros, el que se ganó el millón en lo de Susana, la muerte de Sandro y de Rodrigo, las manitos haciendo tortitas de manteca de los indignados, las montañas de flores en el palacio de báquinjam, choques de trenes y aviones, Chernobyl, los cincuenta puntos de Grande Pa, la caída de las bolsas, el primer bebé de probeta, los quintillizos Riganti, todo todo todo pasó por la tele. Hasta la confirmación de la noticia que me dio mi vieja, consternada, por teléfono, cuando yo estaba tan tranquila preparando el café con leche para esperar al censista.


Eva fue la primera imagen que transmitió esta tele nuestra. Seguramente los trescientos tipos que tenían el aparato ni por puta se imaginaban lo que significaba. El mundo, la historia, las ciencias, las artes, la información, se podían condensar ahí, en ese artefacto al cual todas las madres han (hemos) puteado y al cual han (hemos) recurrido alguna vez, saturadas de griterío infantil.


Eva inauguró, también, la posibilidad de que todos los argentinos accedieran al instante a los sucesos de aquí y del mundo. Que los vieran. Y que el mundo nos viera.

Eva fue vanguardia, también en esto de la comunicación, del derecho a la comunicación, a la información, a la propia cultura.


Cristina levanta aquel nombre y lo lleva como bandera a la Victoria. Y la victoria también tiene que ver con la pluraridad de voces, la democratización de los medios, la redistribución de micrófonos y cámaras, por decirlo de alguna manera. Porque calculo que así como al gorilaje de 1951 le dio por el quinto forro que fuera el peronismo, en la figura de esa "actrizucha" ilegítima estuviera desparramando su imagen al mundo, al gorilaje actual debe darle por el mismo lugar que sea otra vez el peronismo, en la figura de esta "shegua" rodeada de esas viejas de pañuelo blanco, de esos niñitos, de esos actores y actrices "comprados", de esos tantos que "van por el choripan", el que en nombre del Pueblo se haya apropiado de ese lugar que alguna vez cimbró con los gritos de los torturados para transformarlo en un lugar de Vida, tanto que desde allí se generarán los contenidos que enriquecerán aquello de lo que estoy hablando desde el principio: la tele.


Al fin y al cabo, en este país, los avances siempre han venido de la mano del peronismo.


He dicho

jueves, 4 de agosto de 2011

OBISPO DEL PUEBLO

A LA RIOJA QUERENDONA


En cada chaya escondes tu dolor hecho harina y albahaca...
los del puerto te han amordazado para que no grites...
ya tus tientos se cortan y caen tus machetes;
solo te quedan ranchos tristes...
y tierra caliente.

Los de afuera, Chango, te han robao' las vacas;
tu Tata ha quedao' solo... y la Mama un recuerdo;
el Estargidio se fue lejos, a juntar petróleo
allá en Comodoro... rumiando nostalgias.

Y a la Rita la llevó el patrón para que lo comediera,
dicen que en Buenos Aires donde todo es mentira;
tiene que hacer de todo, aunque no lo pueda,
total es riojana, lo mismo que... ¡nada!

Pero el sol está sangrando
allá en Los Mogotes,
y en La Cueva de adentro se oyen galopes;
se acercan pasos por los caminos llaneros
y El Chacho amanece con sus montoneros.

Y por La Quebrada
que le dicen de Chusquis
unos lloros del cerro se gritan contentos;
hay olor a racimos y a vino nuevo,
y Don Aurelio ya calienta la pava en el fuego.

¿Por qué no quieren que diga lo que siento...
es que es mentira hablar del silencio...
no escuchan el grito de los de tierra adentro?

Somos, nosotros, porteños...
es fiero ¡si vieran lo que yo siento!
Quebradas y llanos... cansados y sedientos...
el alero del rancho se lo llevó el viento,
dicen que anoche silbando el silencio...
¿No escuchan el grito de los de tierra adentro?


Mons. Enrique Angelelli

Asesinado el 4 de agosto de 1976

martes, 17 de agosto de 2010

¡LA LIIIIIIIIIBERTÁ NACIEEEENTE!



El gorrito de crepé, la pecherita de cartulina y papel glasé, el suéter y las medias can can azules que se te caen. La señorita Nélida con sus botas hasta la rodilla y una pollera corta a la que apenas tapa un guardapolvos. La señorita Nélida se pintaba los párpados de celeste y se delineaba así, el final de la línea en punta hacia arriba, como Elena Sedova, o Solita Silveyra. Y se pintaba las uñas de colorado con un triangulito blanco en el nacimiento, ahí arriba de la cutícula. Era dulce y buena la señorita Nélida, mi maestra de jardincito B (esa era la denominación de los jardines antes de que se inventaran las salitas de colores, jardín B era el de los 4 años, jardín A el de los 5). Era tan buena que me eligió para hacer de granadero de San Martín. Y a fin de año para hacer de Pipo Pescador y cantar la marcha de la Sopa. Pero esta historia es sobre San Martín.



A los cuatro años, San Martín era Alfredo Alcón. Remedios era Evangelina Zalazar y había una negrita que era Ana María Picchio. Ergo, yo era soldada de Alfredo Alcón, que - la verdad- había salido bastante mal en el cuadro que había en la dirección de la Escuela. En el salón de actos, íbamos tras la libertad naciente de medio continente, caminando entre montañas marrones con la punta blanca, hechas en papel afiche. Cruzar una cordillera de papel te hace sentir importante, aunque todavía no sabés muy bien por qué.


En la secundaria, San Martín era propiedad de los militares, que nos hacían ir a las siete de la mañana a desfilar, previo ensayo de días en el cole para poder caminar todos al mismo tiempo, izquierdaderechaizquierda. Un embole los desfiles sanmartinianos, todos cagados de frío, y si no ibas te comías la doble falta. La Patria aburría, era tan dura como las tablas del júmper, y se caía como las medias azules.

La primavera democrática trajo nuevas visiones sobre la Historia. Un poco más de neurona y la llegada de Jauretche sacudieron algunas ideas. Pero aún no llegaba al concepto de Fiesta.

La Patria se despeinó un poco, tan peronista ella. No sé si fue en el 93 o en el 94. Sé que estuve en la Plaza de Mayo con mi hija. Sé que escuchamos a León, a Víctor. Sé que a las seis de la tarde, los Granaderos arriaron la bandera en medio del silencio absoluto y respetuoso de la multitud. Un vientito popular llegaba desde el río, y tuve la imagen de una Patria despeinada, bailando al son del tamboril, de fiesta, con los hombros al aire, riendo y cantando. La Fanfarria Alto Perú empezó a tocar y a hacer bailar al gentío. Los pibes de adelante hacían pogo con el Himno Nacional. Y la gente no dejó ir a la Fanfarria sin tocar la Marcha de San Lorenzo. Mi hija, de unos diez años por entonces, y yo, volvimos a casa saltando porque hacía frío, y cantando a voz en cuello cabralsoldadoheroico. Mi hija vivía a su Patria con alegría, igual que hace un par de meses.

Anoche, la Cadena Nacional nos regaló otra emoción. Desde Yapeyú, la Sole hizo una versión preciosa y emotiva del Himno Nacional, que mezclaba tiempos de zamba y chacarera. Después, un granadero cantó la que me parece la más bella canción patria, el Himno a San Martín. Y al final, la Fanfarria Alto Perú tocó como sólo ella puede hacerlo, la Marcha de San Lorenzo. Y mientras cantábamos honorhonoralgrancabral, yo pensé que ahora San Martín puede descansar tranquilo: Latinoamérica está unida y la Patria está cada vez más cerca una fiesta.

He dicho




lunes, 26 de julio de 2010

20:25

Sospecho que, cuando supo que unos patrones agrarios estaban cortando las rutas, pensó de inmediato en el olor a bosta de vaca, en la oligarquía vendepatria, en los enemigos del Pueblo que la odiaron hasta el vivaelcáncer. Los habrá puteado una vez más, con toda la fuerza de su odio o de su amor. Los habrá querido escupir, habrá querido alertar una vez más al Pueblo, avivensé que estos son los mismos de siempre, los que nunca nos perdonaron la dignidad. Y habrá estado por ahi, de pie, al lado nuestro cuando salimos a defender, cuando nos negamos a dejarnos aplastar por aquella bota oligárquica que cambió la bosta por soja pero sigue explotando trabajadores. Y habrá mirado con desprecio al imbécil, mascullando que no se puede esperar otra cosa de un radical...

Imagino que cuando arrebatamos la platita a los buitres que se disfrazaron de palomas y se la devolvimos al Estado para que la reparta nuevamente entre nuestros viejos, habrá vuelto la vista atrás, a esos años felices en que los ancianos tenían garantizados sus derechos por la Constitución Peronista y por ella misma, que desde la Fundación no paraba de construir Hogares que dieran a los viejos el plato de comida caliente, la sábana limpia, la atención adecuada, el partido de bochas, el crochet. Qué cosas tan tristes han pasado que reparar el daño es hoy reconocer el derecho de dos millones de personas a, al menos, una jubilación, habrá pensado.


Intuyo que habrá apelotonado insultos de toda laya en la noche de la derrota. Insultos belicosos y a la vez alentadores. Desde algún lado, tal vez desde lo más profundo de nuestra amargura, todos supimos que no nos dejaría claudicar, que nos estaba sopapeando para que reaccionemos, que nos estaba diciendo que había que echar la piedra en el pozo de petróleo, que había que seguir peleando
en contra de todo lo que no sea pueblo puro, en contra de todo lo que no sea la "ignominiosa" raza de los pueblos, contra la raza maldita de los explotadores y de los mercaderes de los pueblos. Y estaba, y está, porque así lo prometió.


Supongo que se habrá reído con ganas cuando los aplastamos con la Ley de Medios. Que le trajo la memoria todas las cosas que se decían de ella, tan parecidas, tan parecidas a las que... Qué cosa, pasan los años y ni siquiera tienen el mínimo talento de cambiar los insultos...


Y un día llegó la Asignación Universal por Hijo. Ciento ochenta pesos para que los pibes puedan tomar la leche con galletitas, o tener una muñeca en Navidad. Claro, yo los abrazaba con muñecas -habrá recordado-, o haciéndoles una ciudad, o llevándolos de vacaciones al mar, o asegurándoles las vacunas, las risas, la felicidad en la infancia. Cómo han hecho tan mierda mi Patria que la reparación, apenas la reparación, pasa por ciento ochenta pesos. Qué han hecho estos miserables, desde qué fondo hay que sacar a este Pueblo, por Dios. Cómo pudieron.
Aquello era Justicia y también costó el odio. Y acá, ya están queriendo negar los contreras hasta los ciento ochenta pesos. Porque dicen que se les van en juego y droga, bajezas a las que nos tienen acostumbrados.


Presiento su especial satisfacción con la ley de Matrimonio igualitario. Tal vez habrá pensado en su querido Paco, despreciado por peronista y por puto, en medio de los oropeles oligárquicos.
Probablemente volvió en un viejo tren a Junín, o aún a Los Toldos, sintiendo nuevamente el desdén, la discriminación, la humillación de portar un apellido ausente, ilegítimo. Y este acto justiciero otra vez, esto que tanta tirria provocó entre aquellos a los que les reprochó haber abandonado a los pobres y predicar la resignación frente a la injusticia, olvidarse del pueblo y haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan.


Y sé, juro que lo sé, que a veces entra en el despacho presidencial. Despacio, con ese soplo etéreo de su presencia imborrable. Suavemente pero con la certeza de que en ese espacio es bienvenida. Sé que recuerda aquellas apretadas letras que permitieron el voto femenino. Sé que la ve trabajando infatigablemente, tal vez suspira, y la mira. Y se siente tan, tan orgullosa. Y así, con ese orgullo, dice sí. Definitivamente. Sí. Y se aleja tranquila.


jueves, 1 de julio de 2010

EL GENERAL Y EL MAR


Vea, General: yo conocí el mar por Usted. Me tuve que bancar tres vacunas en la espalda cuando tenía 8 años , con una agujita mínima que dolía hasta la puta, y me cortaron el largo y lacio pelo casi rubio y me dejaron una melenita infame para que no me agarraran los piojos. Depués me fui amorochando de adentro y el pelo tuvo que hacer lo mismo. Vio cómo es. Una no puede ser una cosa por dentro y otra por fuera.

Creo que fuimos en tren, era lindo el tren, así que prefiero que hayamos ido en tren. Lo que sí recuerdo es el bolso de lona azul claro que me hizo mi madrina para llevar la ropa, incómodo, grande, las bombachas de algodón rayado y las mallas de lana azul que nos daban para que estemos todas iguales y no nos perdiéramos en la playa.

Llegué al complejo. No me alcanzaban los ojos para nada, vea, General. Todo era tan escandalosamente grande desde mi escaso metro y pico: los edificios, el patio, los jardines, las habitaciones con infinidad de camas marineras, el mar. El mar, General, el que conocí por usted

La única amiguita que me hice, la que dormía en la cama de arriba, era judía. Lo supe porque fue lo que le explicó a la dulce señorita Amanda cuando le preguntó por qué no se unía a los rezos de todos antes de dormir, porque nos hacían sentarnos en la cama y rezar al angelito de la guarda. Y menos mal que nos hacían rezar, porque yo todavía tenía miedo a la oscuridad. No sé si me sentía más segura por el rezo o por las celadoras que nos cuidaban toda la noche. Judith, mi amiguita, andaba conmigo para todos lados, ella judía y yo narigona, poca bola a los otros grupitos de nenas, unas mayores que nosotras y otras más lindas que nosotras.

Aprendí algunas cosas, enfundada en esa malla azul que picaba. Aprendí lo terrible que era extrañar a mi nonna (y no sabía que se me iba a ir meses más tarde), a mi viejo (y no sabía que se me iba a ir cuando le quedaba tanto por joder). Aprendí que los chicos son crueles y las maestras no hacen justicia siempre. Aprendí que el mar era una inmensidad que se me metía en el cuerpo, igual que después lo hizo el peronismo. Ví un cangrejo por primera vez en mi vida, ¿sabe? Me lo tiraron las nenas grandes y lloré bastante del susto. El bicho estaba recontra seco, pero me rozó el talón, y yo creí que la piel del talón se me iba a poner dura para siempre, quizás porque nunca había reparado en la piel de mi talón.

Pero ese no fue mi primer encuentro con usted, General. Venía ya zizagueando en el relato de mi viejo y el guardapolvo y los zapatos que le hizo llegar para que fuera a la escuela, y en las canciones de mi tía Imelda que me decía niña hermosa te daré una cosa que empieza con P. No sabíamos aún que usted se nos iba a ir, poco después de darme algo en aquel verano del 73: el mar, General.
Cuando Usted se murió, se murió el "Padre Eterno".

Lo bueno de un Padre que es eterno es que una puede pelearse y amigarse a cada rato, descubrirle las cosas jodidas, las maravillosas, sacarlo de la idealización y verlo como un hombre. Vivirlo. Digo, porque los pibes a los padres los ven muchas veces como superhéroes. Más de un pendejo debe creer que su papá vuela. O al menos en mi infancia éramos proclives a esas cosas, ahora los pibes no se comen ninguna.

Si yo hubiera creído hasta hoy que mi viejo era Goyeneche, un día iba a tener que darme la cabeza contra la pared y ver que era el Flaco Balsarini, nomás, y que sus mayores hazañas fueron salir subcampeón de básquet en los Infantiles Evita del 51, criar tres hijos y aguantar a mi vieja. Por suerte esas cosas una las fue descubriendo de a poco y el golpe no fue tan duro. Creo. A fin de cuentas, cuando una se pelea o se enoja, no es menos hija. Y, sobre todo, el padre no es menos padre.

Lo mismo me pasa con usted, General. Escucho historias sobre Usted y las cosas que hizo, lo leo, lo recontra leo. El discurso del cinco por uno, y también el de los que tratan de infiltrarse en el Movimiento. Durante mi juventud pensé que la Revolución que Usted había hecho era inconclusa porque no la habían dejado llegar al socialismo. En mi madurez creo que la única Revolución posible en esta Patria es la que usted hizo: el salario justo, las vacaciones, la jubilación, las escuelas, la industria nacional, la casita, el asado de los domingos, que yo conociera el mar y mi viejo tuviera zapatos. La dignidad. Si eso nos dejó tantos muertos, tantas persecuciones, tanta cárcel, tanta tortura, ni hablar de la propiedad social de los medios de producción.

Es que veo, General, que en esta Patria morocha como mi Presidenta, los enemigos del Pueblo siguen agazapados. Se hacen los democráticos, usted lo sabe bien, les queda bien decir "Libertad, Igualdad, Fraternidad", pero de esa trilogía, lo que no soportan es la Igualdad. Porque siguen queriendo que el hijo del barrendero muera barrendero. Y usted, General, hizo que el barrendero soñara con la chapa en la puerta del hijo. Y que la modista lo viera al pibe abogado, o periodista. Y eso, General, todavía no se lo perdonan.

Por eso yo, que a veces me peleo con usted, después lo adoro, más tarde lo puteo y me pregunto por qué algunas cosas -usted sabe de qué le hablo- , me descoloco por algunas contradicciones, comprendo que no hubo cosa mejor que aquellos días, comprendo que no hubo hombre más visionario que Usted, y que para que los días vuelvan definitivamente a ser felices, sólo hay que hurgar en la memoria popular, en la cultura barrial, en los escritos políticos. Ahí esta todo. Su legado, General. Lo trae todo de nuevo mi Presidenta, General, por eso le pelean con tanta saña. Qué orgullo debe darle mi Presidenta...

Todos, todos en esta Patria le debemos algo, General. Yo le debo esta obstinación, esta tozudez, este fanatismo, este saber que nunca voy a ser feliz si yo sola soy feliz. Ah, y el mar.

ESTE BLOG ESTA ORGULLOSO DE SER PARTE DE LA MIERDA OFICIALISTA