"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE
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miércoles, 17 de noviembre de 2010

¡¡¡NEIKE, CH'AMIGA!!!

Por eso digo, para salvarse
Hay que juntarse y arremangarse
Neike ch’amigo
Si haces memoria, vos sos testigo
Que nuestra gloria es hacer Historia
Neike ch’amigo
Julián Zini



Hay veces en que un solo, pequeño, huidizo detalle, condensa sentires colectivos, ideas compartidas, fuerzas convergentes, energías circulantes.

Dos palabras que, salidas de la entraña del pueblo correntino, son un payé, un rincón de abrigo, un talismán protector. El cartel se vio fugazmente por la tele, pero ella lo tenía enfrente: NEIKE, CH’AMIGA. No sé si ella comprendía esas palabras, tal vez alguien se las explicó. Neike es una expresión para dar ánimo, fuerza, coraje. La Ch con apóstrofe denota posesión. Traducido, vendría a ser algo así como un “¡vamos, mi amiga!”, aunque dicho en guaraní es mucho más fuerte que eso.

Neike ch’amiga le decía un pueblo que históricamente se sintió (tal vez lo hicimos sentir) como apartado del resto de la Nación. “Si la Argentina entra en guerra, Corrientes le va a ayudar”, suelen decir los habitantes del Taragüí. O “Corrientes es otro país”. Anoche le decían ch’amiga a nuestra Presidenta. Cómo cambian las cosas...

La ch’amiga les hablaba y también los escuchaba, y respondía, quebrada la voz, con los ojos húmedos pero presentes, las palabras temblorosas y firmes a la vez. Se dejaba mimar por el pueblo de esa provincia que no está entre las veinte más peronistas del país. Se dejaba arrullar con cadencia de chamamé, se dejaba acariciar tal vez por un leve vientito norte, cálido como la tierra litoraleña, vientito que llegaba desde los corazones de esos correntinos que alguna vez vieron marchar a sus hijos rumbo a una muerte malvinera de la que están orgullosos.

La ch’amiga les hablaba con convicción, con ideas, con claridad. Les hablaba desde la autoridad que la inviste. Pero también desde el dolor que la atraviesa pero no la quiebra. Les decía que no va a aflojar ni bajo el agua, que siempre vamos a ir por más. Y así nomá é.

Hace días que habla de “él”, así, como las mujeres enamoradas hablamos de nuestros hombres cuando estamos en confidencia. “Lo veo entre ustedes”, “él quería esto”... No hay necesidad de nombrarlo. Todos sabemos que él, ya es uno solo.

ES conmovedor el lazo tenaz que se va tejiendo entre la gente sencilla y esa mujer entristecida que se entrega con porfía a su vocación de engrandecer la Patria. Desde hace días se para todo cuando ella habla, como un gesto silente atado tanto al cariño como al respeto, como un modo de mostrarle que estamos en la trinchera, prestos a defenderla, arremangados para ayudar, juntos para sostenerla, y sostenernos.

Mientras tanto, los buitres vuelan en círculos suponiendo una debilidad que terminará por dejarla exánime, para que ellos puedan hacerse su festín. Apurados, rastreros, carroñeros, no le dieron ni veinte días de respiro. Ya están queriendo masticarle los talones. Pero ella está viva, y fuerte. Y se levanta y se los sacude de encima, lastimándolos con el taco aguja. Ella tiene su custodia personal: miles de militantes, millones de argentinos que la quieren y la cuidan.

Ella, y nosotros, seguimos con nuestra tarea, porque sabemos bien que nuestra gloria es hacer Historia.

¡Neike, ch’amiga!
He dicho













viernes, 28 de mayo de 2010

DOSCIENTAS VECES ELLA



Como muchos, todavía no termino de recuperarme. El dolor de piernas y la disfonía son apenas un detalle que habla de cinco días agitados, vibrantes, eufóricos, de humedad en los ojos, de nudos en la garganta, de apretujes, sentadas en el piso, caminatas por el medio de la nueve de julio, el haber ido sin más encuadre que el de esos ojos, esos besos, esos aires compañeros, la frustración por no haber podido entrar a los stands, honor honor al gran Cabral, la mirada maravillada ante la prueba irrefutable de que en este país pueden hacerse cosas verdaderamente grandes, imponentes . Un amontonamiento desprolijo de emociones, sensaciones, pasiones, que -al momento de pensar qué corchos escribir sobre estos días- encuentran resumen en una sola palabra: ELLA

Ella, que puso a mi Patria donde debe estar, en el corazón de Latinoamérica, surgiendo desde lo profundo del cono Sur para hacerse oír en el concierto de naciones con voz propia, pero a coro con los hermanos paises de esta parte del continente.

Ella, que puso a mi Pueblo donde debe estar: en las calles, siendo protagonista de un hecho cultural y sociológico sin precedentes, recuperando la alegría de pertenecer, recuperando la marcha de San Lorenzo, recuperando la palabra Patria y los símbolos nacionales, que durante muchos años fueron usurpados por los dueños del terror y las tierras.

Ella, que puso a los patriotas de este continente donde deben estar: en la cotidianeidad, en el lenguaje diario, en la Casa Rosada, en la alegría de muchos, en el odio de los de siempre.

Ella, que puso a los pibes de mi Patria donde deben estar: en la escuela, vacunados, tomando la leche con galletitas, cuidados por un Estado protector, inclusivo, justiciero.

Ella, que puso a los abuelos de mi país donde deben estar: bajo el amparo de una jubilación que aumenta dos veces por año y que está garantizada y no bajo la incertidumbre de los vaivenes caprichosos del mercado.

Ella, que siguió poniendo a los represores donde deben estar: en cárceles comunes.

Ella, que puso la palabra donde debe estar: al alcance de la escucha y el decir de TODOS.

Ella, que puso a los poderes económicos donde deben estar: contra las cuerdas, subordinados a las políticas económicas y no decidiéndolas, en contra de los intereses del Pueblo

Ella, que puso a los gorilas donde deben estar: en la vereda de enfrente de la Historia, mascullando sus fracasos, vomitando sus amarguras, chillando desconcertados porque una vez más la realidad los pasó por arriba, rumiando sus odios atávicos en la oscuridad de una redacción monopólica, un almuerzo televisado, una cámara que se apaga.

Ella, que puso al Bicentenario donde debe estar: en el corazón, la sonrisa, los abrazos, las lágrimas, las tripas del Pueblo. Y en el comentario admirado de todas las naciones.

Ella, que puso cada cosa en su lugar. La Educación, la Salud, la Ciencia, los Derechos Humanos, la Libertad de Expresión, el Trabajo, la Dignidad, en primeros planos.

Ella, que no avaló con su presencia una fiestita para pocos.

Ella, que baila con el pueblo en una fiesta de todos, que sonríe y se ilumina, que gobierna, que se emociona, que se enoja, que explica, que reclama, que hace Justicia.

Ella, que me inflama cada día de orgullo de ser mujer y peronista.

Ella es el bicentenario. Doscientas veces ella.
He dicho.

ESTE BLOG ESTA ORGULLOSO DE SER PARTE DE LA MIERDA OFICIALISTA