"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE
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martes, 25 de octubre de 2011

NO PARAR DE REÍR

Y sí. ¿Por qué parar? ¿Cómo no reír hasta el cansancio cuando estuviste todo el día laburando, esperando ese momento glorioso de abrir los sobres y empezar a contar los votos? ¿Cómo no reír si cuando terminás tu tarea pasás por la casa a dejar el mate y justo prendés la tele y ahí está la bola naranja anunciando su resistencia al régimen, algo occccvio a juzgar por su figura? ¿Cómo no reír si hasta te animás a hacer estos chistes fáciles y pelotudos sin sonrojarte?


No parar de reír, porque te acordás de las señoronas de barrio norte saliendole a cacerolear a tu presidenta, llevando a las sirvientas a aquellos actos destituyentes, te acordás de aquella tristeza sin mensura del 2009, del odio que te provocó la cara de satisfacción de Santo y María laura anunciando la derrota, si tenías que guardarte en la discusión con tus parientes que te aseguraban que Cristina no llegaba a fin de año, igual que los periodistas, los politiqueros, el verdulero, el tachero, guardarte con tus parientes porque el tío es grande y bueno, le cree a Clarinete y vos qué le vas a decir, no querés discutir con tu tío porque lo querés hasta la mierda, ida y vuelta. Y hoy sabés que el tío debe tener una bronca bárbara, porque es gorila pero buen tipo, siempre fue bueno, hoy debe estar amargado y capaz algún día se de cuenta de que seremos incorregibles como decía Borges, pero hacemos cosas buenas para el país.



No parar de reír porque ya te lloraste todo hace como un año, cuando el Flaco nos dejó sin previo aviso y vos te quedaste así, hecha pelota, como todos los compañeros, como Ella, que te mostró cómo había que hacer de tripas corazón y seguir laburando, dejando con la ñata contra el vidrio a todos los boludos que pensaban que con semejante golpe, Ella no iba a poder seguir.



No parar de reír cuando vas caminando hacia el hotel y llegás a la Nueve de Julio y empezás a sentir los primeros bocinazos, y ves el aluvión zoológico que marcha hacla la Plaza una vez más, exultante, rebosante de esa alegría primaria que sale de todo peronista en forma de vivaperóncarajo, dedos en ve, salticados en la vereda, gritos desde los micros, agite de banderas, y risas, risas, risas. Y alzás los ojos y ves a la Eva inmensa que parece estar gritando el triunfo igual que vos, y le hacés la ve como saludando con todas tus tripas.



No parar de reír cuando te amontonás con la gente, con los morochos y morochas que vienen quién sabe de dónde, ya no es el subsuelo de la Patria sublevado, ya no es sublevado, ahora viene a festejar. Cuando te aprietan, te empujan, te comentan números, te comentan reacciones de los derrotados, se hacen chistes, tan fáciles como el del principio de este posteo. Cuando ves a los pibitos sobre los hombros de sus padres, una nenita me acuerdo, con sus ojos grandes y marrones, sus rulitos que llegaban a los hombros, contenta capaz que sin saber por qué. Cuando ves a los pendejos, y te ves a vos misma a esa edad, cuando comenzaste tu vida política con una violenta derrota y estos pibes qué suerte tienen, empezar así.



No parar de reír cuando ves esos viejos peronistas, gente grande grande, entrada en canas hace mucho tiempo, con los ojos húmedos, capaz que ya no creían que este vientito fresco podía volver a la Patria, esta Justicia, este crecimiento, esta reactivación de la industria, todas esas cosas que los peronistas nacidos y criados aprendimos como un catecismo y que ellos vivieron. Y ahora lo están repitiendo. Quién sabe cuántas cosas hay detrás de esos ojos lloricosos.



No parar de reír cuando ves la fila para el choripán y tu hombre dice que es muy larga. Zapallito mío, ¿qué otra cosa tenés que hacer esta noche que no sea comerte la fila y clavarte un choripán como Perón manda? Y el tipo que va y le pide al choripanero dos que estén cocidos y vos no podés creer que esté pidiendo eso, el desubicadito, y menos podés creer que el choripanero le diga "dame un minuto" y le encaje el chori medio crudón al flaco de atrás.



No parar de reír cuando querés salir un poco de la marejada y buscar la pantalla, porque querés verla, querés verla y ni en pedo vas a poder llegar a ver la pantalla así que te conformás con escucharla, en esa Plaza tuya, en esa Plaza de nosotros, Pueblo riente.



No parar de reír cuando te vas de la plaza y cruzás Bolívar y llegás al triangulito ese y te parás y agarrás el pecho del fulano tuyo y llorás, llorás y llorás porque qué bueno es estar con él y porque no podés parar de reír.



No parar de reír cuando casi ni podés caminar y vas saliendo del quilombo, y volvés a cruzar la Nueve de Julio y ahí está la Eva otra vez, la de los humildes, que sonríe, plácida y satisfecha, y le hacés la ve como saludando, con todas tus tripas. Cumplimos, Señora, ya podemos ir a descansar. Y seguís el camino a casa, y no parás de reír.


He dicho.

viernes, 28 de mayo de 2010

DOSCIENTAS VECES ELLA



Como muchos, todavía no termino de recuperarme. El dolor de piernas y la disfonía son apenas un detalle que habla de cinco días agitados, vibrantes, eufóricos, de humedad en los ojos, de nudos en la garganta, de apretujes, sentadas en el piso, caminatas por el medio de la nueve de julio, el haber ido sin más encuadre que el de esos ojos, esos besos, esos aires compañeros, la frustración por no haber podido entrar a los stands, honor honor al gran Cabral, la mirada maravillada ante la prueba irrefutable de que en este país pueden hacerse cosas verdaderamente grandes, imponentes . Un amontonamiento desprolijo de emociones, sensaciones, pasiones, que -al momento de pensar qué corchos escribir sobre estos días- encuentran resumen en una sola palabra: ELLA

Ella, que puso a mi Patria donde debe estar, en el corazón de Latinoamérica, surgiendo desde lo profundo del cono Sur para hacerse oír en el concierto de naciones con voz propia, pero a coro con los hermanos paises de esta parte del continente.

Ella, que puso a mi Pueblo donde debe estar: en las calles, siendo protagonista de un hecho cultural y sociológico sin precedentes, recuperando la alegría de pertenecer, recuperando la marcha de San Lorenzo, recuperando la palabra Patria y los símbolos nacionales, que durante muchos años fueron usurpados por los dueños del terror y las tierras.

Ella, que puso a los patriotas de este continente donde deben estar: en la cotidianeidad, en el lenguaje diario, en la Casa Rosada, en la alegría de muchos, en el odio de los de siempre.

Ella, que puso a los pibes de mi Patria donde deben estar: en la escuela, vacunados, tomando la leche con galletitas, cuidados por un Estado protector, inclusivo, justiciero.

Ella, que puso a los abuelos de mi país donde deben estar: bajo el amparo de una jubilación que aumenta dos veces por año y que está garantizada y no bajo la incertidumbre de los vaivenes caprichosos del mercado.

Ella, que siguió poniendo a los represores donde deben estar: en cárceles comunes.

Ella, que puso la palabra donde debe estar: al alcance de la escucha y el decir de TODOS.

Ella, que puso a los poderes económicos donde deben estar: contra las cuerdas, subordinados a las políticas económicas y no decidiéndolas, en contra de los intereses del Pueblo

Ella, que puso a los gorilas donde deben estar: en la vereda de enfrente de la Historia, mascullando sus fracasos, vomitando sus amarguras, chillando desconcertados porque una vez más la realidad los pasó por arriba, rumiando sus odios atávicos en la oscuridad de una redacción monopólica, un almuerzo televisado, una cámara que se apaga.

Ella, que puso al Bicentenario donde debe estar: en el corazón, la sonrisa, los abrazos, las lágrimas, las tripas del Pueblo. Y en el comentario admirado de todas las naciones.

Ella, que puso cada cosa en su lugar. La Educación, la Salud, la Ciencia, los Derechos Humanos, la Libertad de Expresión, el Trabajo, la Dignidad, en primeros planos.

Ella, que no avaló con su presencia una fiestita para pocos.

Ella, que baila con el pueblo en una fiesta de todos, que sonríe y se ilumina, que gobierna, que se emociona, que se enoja, que explica, que reclama, que hace Justicia.

Ella, que me inflama cada día de orgullo de ser mujer y peronista.

Ella es el bicentenario. Doscientas veces ella.
He dicho.

ESTE BLOG ESTA ORGULLOSO DE SER PARTE DE LA MIERDA OFICIALISTA