Y sí. ¿Por qué parar? ¿Cómo no reír hasta el cansancio cuando estuviste todo el día laburando, esperando ese momento glorioso de abrir los sobres y empezar a contar los votos? ¿Cómo no reír si cuando terminás tu tarea pasás por la casa a dejar el mate y justo prendés la tele y ahí está la bola naranja anunciando su resistencia al régimen, algo occccvio a juzgar por su figura? ¿Cómo no reír si hasta te animás a hacer estos chistes fáciles y pelotudos sin sonrojarte?martes, 25 de octubre de 2011
NO PARAR DE REÍR
Y sí. ¿Por qué parar? ¿Cómo no reír hasta el cansancio cuando estuviste todo el día laburando, esperando ese momento glorioso de abrir los sobres y empezar a contar los votos? ¿Cómo no reír si cuando terminás tu tarea pasás por la casa a dejar el mate y justo prendés la tele y ahí está la bola naranja anunciando su resistencia al régimen, algo occccvio a juzgar por su figura? ¿Cómo no reír si hasta te animás a hacer estos chistes fáciles y pelotudos sin sonrojarte?lunes, 24 de octubre de 2011
Yasssstá...
Ya nos levantamos tempranito ayer, fiscalizamos, nos comimos los nervios, hicimos las cuentas, llevamos las carpetas al comando, festejamos, y nos fuimos a dormir pasadas largamente las dos de la mañana.Hoy, la legis está cerrada porque ahí se guardan las urnas, así que no tengo que ir a laburar. Así que siendo las seis de la tarde recién termino de almorzar, así que estuve tooooooodo el día haciendo fiaca, fiaca y más fiaca. Yo que tengo la oportunidad, no me la voy a perder. Y puedo hacer fiaca, sobre todo, TRANQUILA. Total, yassstá, ya aseguramos nuestro gobierno por cuatro años más.
Mañana, capazmente haya algo por acá. Hoy, solo fiaca.
He dicho.
domingo, 23 de octubre de 2011
URNAS
sábado, 22 de octubre de 2011
VÍSPERAS
Me gustan las vísperas desde que era chiquita. Es como el olorcito del café que llega en bandeja, como el sonido profundo de las copas antes de que el tinto y los ojos del bienquerido inunden el alma, como el primer acorde de una canción que escuchamos por la radio y nos disponemos a disfrutar, como el ta ta ta ta ta en el timbre que anunciaba la llegada de mi viejo con los bolsillos llenos de caramelos, como el temblor del pibe que espera la llegada de la chica el día que se le va a declarar.Las vísperas de mi cumpleaños eran algo fabuloso. Colgar las guirnaldas en el comedor, una de tríangulos que decian feliz cumpleaños y las de papel crepé que armábamos nosotros, comprar el jamón y el queso para rellenar los sacramentos, mi vieja en la cocina preparando la torta, planchando el mantel, mi viejo que a la noche traía las últimas cosas, mis hermanitos muertos de envidia porque la homenajeada esta vez era yo. Toda una preparación infernal para una fiestita que no duraba mucho más de dos horas, sin payaso ni toda esa parafernalia porque en aquella época medio que no se usaba mucho, y si se hubiera usado mis viejos no podrían pagarlo y además no entrábamos todos en un dos ambientes.
Las vísperas del primer día de clases también estaban buenas. Forrar los cuadernos con papel araña azul, sacar punta al lápiz negro, a los de colores no porque ya venían con la punta sacada. Pero con la gillete mi mamá les hacía una feteadita en la parte de atrás para que yo pusiera mi apellido. El olor de los cuadernos nuevos, del plástico de la cartuchera, acomodar todo en el portafolios de cuero marrón claro. Mi vieja planchaba el delantal de tres tablas y lo dejaba en una percha colgado, anhelante. Los zapatos guillermina perfectamente lustrados, las medias azules bien dobladitas, la cinta azul para el pelo también planchadita para que el moño quede impecable.
Otras vísperas lindas eran las de Reyes. Había que escribir cartita, jurando y perjurando haberse portado bien ese año, cosa no siempre cierta, más bien nunca, recorrer el barrio juntando pastito para los camellos, lustrar bien los zapatos, que queden brillantes para que a los reyes les guste, poner el pastito y los zapatos y el agua al lado de la puerta e irse a dormir tempranito porque a los reyes no les gusta que los vean y además así el tiempo se pasa más rápido y llegaba la mañana de regalos, ojalá sea un libro de la colección Robin Hood, puede ser El Príncipe Valiente, o Sandokán.
Las vísperas de un viaje tengo tambiém. Un viaje que me llevaba mil kilómetros al norte de mi vida, de mi gente, de mi amigos, de mi parientes, del viejo, la vieja, mis hermanos, hacia una provincia olvidada, postergada, un pedazo de suelo argentino que siempre me había llamado la atención en el mapa por su forma de caballito. Tener el pasaje para ir en tren, cargar los libros más importantes, toda la ropa. Hacer el avío que era al mismo tiempo cisura y raigambre con este Buenos Aires querido y odiado. Ver los ojos infinitamente azules del viejo que apoyaba mi decisión con todo el generoso dolor del que pueda ser capaz un padre, porque él también apostaba a que allá, entre chivatos y viento norte, encontraría la alegría del amor en unos ojos negros y buenos, y mi propio camino. No saber, no saber, que en un gesto de amor casi primario, la vieja había deslizado subrepticiamente un frasco de nescuik y otro de azúcar, que fue su forma de decirme que me quería, impedida como estaba de ponerlo en palabras, siendo, de hecho, que no me hablaba desde hacía dos semanas, cuando supo que la ida era cierta.
Las vísperas de un estreno. Despertaba a veces aterrorizada después de soñar que me había olvidado la letra o me faltaba el vestuario. El último ensayo, sin cortes, descubriendo vericuetos del personaje hasta último momento, sabiendo que iba a seguir descubriédolos en las funciones. Anotar todo, para no olvidarse ni el trapo ni el vinagre para pasar al escenario antes de la función, así viene mucha gente. Las indicaciones de Hemilce, la mejor directora que tuve en mi vida, la que sacó lo más brilante de mi vida como actriz. Intuir que allá, en la última fila, iba a estar el viejo aplaudiendo como cuando actuaba en Buenos Aires, orgulloso de esa hija que cumplía sus sueños. Asegurarme de no tener nada amarillo, de que estén todos los maquillajes, de no coserme nada con la ropa puesta. Soñar con el aplauso del público, que siempre agradece lo que se le brinda desde las entrañas. Y el nudo, el nudo ese, indescriptible, en la boca del estómago, el temblor de patas que iba a durar justito justito hasta el momento de poner el pie (derecho) sobre el escenario, para que la magia llegara y por una hora y pico todas esas personas creyeran una historia.
Las vísperas de otro viaje, que me pone quinientos kilómetros al sur de la soledad. Y pongo este párrafo en presente porque así es de presente. No sé qué se pone en una valija cuando una se va por primera vez de vacaciones con el hombre que ama. No sé lo que es irse de vacaciones con el hombre que se ama. Hará demasiado frío, lloverá, cómo será la luna ahora sobre aquella ciudad que no veo hace treinta años, y que ahora me va a devolver este tipo increíble, dulce y huraño, que se anima, se anima a pasar una semana conmigo que hace tantos años que no sé lo que es convivir con un hombre. Todos los terrores y las ilusiones es lo que se pone en esa valija, al lado de los zoquetes y el camitontito. Todas las dudas y los anhelos, ahora lo sé, creo. Los sueños que alejan dolores, eso se pone. La posibilidad incierta pero sí, dale, de que las cosas sean diferentes, de que al fin haya llegado el tiempo de descansar, de dejarse mimar, de sostener y dejarse sostener. Y otra vez los temores... ¿Se aburrirá, la pasaremos bien, nos reiremos, nos enojaremos, podré adueñarme de esa ciudad con mar? Quién sabe, tantas cosas pueden pasar entre dos personas en una semana...
Las vísperas son un regalo maravilloso cuando sabés, sabés, que al otro día te va a pasar algo definitivamente bueno.
Así estoy hoy. En vísperas...
He dicho
jueves, 13 de octubre de 2011
OKTUBRE. EL FUTURO
Llegó octubre y el futuro está acá. Capaz que ni te diste cuenta, porque andás ocupad@ en otras cuestiones. A lo mejor estás, como yo, viendo que vestido lindo le comprás a tu hija para su graduación, que falta tan poquito. O haciendo cuentas para ver adónde te vas de vacaciones este año, si el mar o la sierra, el sur o el norte, si te vas en micro o en avión, ahora que por Aerolíneas sale casi lo mismo. O viendo si aprovechás el aguinaldo para darle una refrescada a tu casa. O pensando si te comprás un lcd en cincuenta cuotas para ver el partido. O puteás porque no te podés comprar la casa pero podés mejorar tu estar en la que alquilás con un aire acondicionado. Tal vez estás planeando un asadito para el domingo con tu familia o terminando de desarmar las valijas del fin de semana largo. viernes, 15 de julio de 2011
POR QUÉ SERÁ...
jueves, 14 de julio de 2011
YAS TÁ...
Yas tá, ya pasó, sana sana culito de rana, decía mi madre (en realidad decía colita pero a mí me gusta más culito) cada una de las muchisísimas veces que yo aparecía llorando con un bruto raspón en la rodilla, porque me había hecho bosta contra el suelo, sea porque ese árbol estúpido no me había sostenido o los patines de rueditas anaranjadas habían sido ineficaces. Y me mandaba el merthiolate y soplaba, soplaba. Laputaqueloparió con el merthiolate.Una sensación parecida tengo desde la derrota del domingo. Algunas cosas aprendí desde aquellos -no tan lejanos, che- años de mi infancia. En principio que sí, hay que llorar, hay que berrear. Un poco. Los segundos necesarios para entender que no es que el árbol no te sostuvo, si no que metiste la pata mal.
El domingo, después del bajón de ir viendo, uno a uno, todos los sobres de mi mesa, después de la maldita planilla, después de que el 47 y la charrasca me golpeara la cabeza, después de la primera pasada por el NH, la pasada por el comando de la comuna, otra vez al NH para ser una de los diez o quince militantes que vimos salir al candidato y lo aplaudimos, después de todo eso, digo, que fue la berreada, la puteada, la incomprensión, me soné los mocos y encaré la botellita de merthiolate.
A prosópito no entré en las redes sociales. Supuse que iba a ser una gran puteada general. Occcvio. La primera reacción. Está bien. Es lo que uno hace cuando se da un porrazo. Tonce, era previsible que hasta se saliera a hablar pestes del famoso "electorado porteño", una entelequia que no llegamos a comprender en su compleja totalidad.
Al otro día empecé a leer a los compañeros, y encontré algunos escritos como el de Mendieta y el de El Marquesito, que echaban algo de luz sobre el asunto, entre tantos otros que también lo hicieron.
Es legítimo y hasta saludable cuestionar la voluntad popular, siempre y cuando se haga para intentar comprenderla, para asirla, y -sobre todo- para preguntarnos por qué no nos eligió, qué estamos haciendo mal, qué error estamos cometiendo, sea en la comunicación, en la logística de campaña, en el discurso y su llegada a "la gente". Qué es lo que no entendimos. Autocrítica que le dicen.
Según mi escaso entender, desde hace muchos años ya, cambió sustancialmente la sociedad argentina y -sobre todo- su forma de dejarse convencer. Y esto incluye las propuestas políticas y por supuesto también a los candidatos. El que hizo punta en una nueva forma fue, sin dudas, don Raúl Ricardo, inaugurando la era de las campañas manejadas por publicistas, en la que un candidato se vende cual gaseosa. No digo que es lo mejor, digo que es lo que hay. Y digo que es lo que resulta, sobre todo cuando no hay una gestión contundente para mostrar. Macri lo llevó al paroxismo. Y le resultó. Como a De Narváez el alica-alicate.
Nosotros, tal vez por un exceso de convicción en cuanto a que lo que pensamos, decimos y hacemos puede comunicarse eficazmente de manera tradicional, nos quedamos ahí. No digo que debiéramos haber repartido globitos ni poner a Filmus a decir boludeces o a bailar como un espástico, no. Digo que evidentemente debiéramos haber sido un poco más modernos y más direccionados en la comunicación.
Otra cosita que me parece es que no era muy eficaz esto de pegarse tanto con la Nación. Lo decía yo a algunos compañeros cuando empezó a hacerse evidente que Cristina tiene una alta intención de voto en la capital, y que Macri también. Nunca me resultó descabellada esa idea. La "gente" de la capi opera de esa manera. Se cree que reparte poder, y eso no está del todo mal. La "gente" está bien con Cristina, ve que las cosas andan mejor, pero no quiere un delegado del gobierno nacional. Y Filmus parecía un delegado. Al menos el discurso trasuntaba eso.
Mi amigo Oscar Canabal, brillante publicista, lo expresa de esta manera: "Los porteños tienen, como todos los electorados, características particulares, y Filmus no tiene esas características. A eso sumale una estrategia de comunicación pésima. Y en consonancia con esa estrategia la campaña publicitaria fue realmente mala. Es de locos decirle a un distrito que pretende ser "independiente" como éste, decirle que te vas a pegar 100% al Gobierno Nacional. Y eso es lo que hizo el FPV. Muchas veces ser tan obsecuente juega en contra". Sigue diciendo mi amigo Oscar: "Por eso, no hay que enojarse con la gente, un candidato se empaqueta y se vende como se vende una Coca-Cola, ahora vos podés vender cualquier cosa, también le hacen publicidad al Glifosato y es veneno puro". Macri. En fin...
miércoles, 6 de julio de 2011
YO QUIERO UN CUERVO DE JEFE DE GOBIERNO
Cuerva y peronista. Así me hizo mi viejo. Debo decir, en rigor de verdad, que ambas condiciones me han traído más decepciones que alegrías en mis casi 45 años... pero cuando han traido alegría... ¡que fiesta, mi diossss!lunes, 11 de abril de 2011
ANDÁ PARA ALLÁ, MOCOSO DE MIER...!!!

Él dice que es un posteo medio bobito, pero a mí no me parece. Buó, puede ser que no sea muy objetiva, yo... (y el posteo tampoco). Vayan y mirenlón. Después me cuentan.
Qué bueno es que otros laburen cuando una ta ferma...

