"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE
Mostrando entradas con la etiqueta peronismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta peronismo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de marzo de 2011

QUINCE AÑOS SIN UNOS OJOS AZULES


Hace varios días que estoy escribiendo lo del 24. Quería publicarlo hoy. Pero hoy tengo que hablar de mi viejo. Un tipo peronista. Un tipo común. Tan común que no van a leer acá una historia de héroes, sino una historia común, como la de millones de tipos con sus historias comunes, que no por comunes son menos importantes.


Mi viejo era hijo de inmigrantes italianos, que malvendieron sus bienes en las uropas para pagar deudas y salvar la limpieza del apellido, y se vinieron con una mano a atrás y otra adelante. Fue el menor de los varones de don Luigi y doña Elvira. Creció en el barrio de Pompeya, y su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por los esplendores del peronismo, inaugurándose la marca en aquel diecisiete, cuando era un pibe que miraba con sus grandes ojos azules (azules, ni grises ni celestes… increíblemente azules) cómo venían las mujeres agarradas de los brazos por la avenida Almafuerte, a liberar al Macho.


Después, le vinieron los zapatos y el guardapolvo que le mandó el gobierno, el amor por Evita, los amigos, las milongas, el salir a laburar, Perón Perón qué grande sos. El tipo largó los libros y se puso a arreglar heladeras, lavarropas, esas cosas, en una época donde podías hacerte un porvenir sin que te hiciera falta un título universitario. A los 28 pirulos sentó cabeza y se casó con mi vieja, una morocha obrera, linda linda. Como tantos, estableció su hogar en los fondos de la casa de la nonna. Con los años, de ahí pasamos a un departamentito de dos ambientes, y después a la casa propia, construida gracias al Plan Eva Perón del Banco Hipotecario, allá por el 73.


Tengo imágenes de mi viejo que parecen de una película. Cuando llegaba con la camioneta de la empresa a la casa de Almafuerte, tocaba bocina y yo salía corriendo y me subía a la caja y moría de risa cuando saltaba al pasar el umbral del portón. Tenía una onda especial con los chicos. Con los propios y los ajenos. Los pibes se le pegaban como moco. Mis primos, los vecinos del barrio, los hijos de los amigos, todos amaban a mi viejo. Nosotros moríamos de felicidad cuando tocaba el timbre al llegar al departamento, cansado, cargando su valija de cuero con las herramientas, y salíamos los tres a colgarnos de él, mientras buscábamos los caramelos en sus bolsillos. No es posible olvidar cómo se desvivía por nosotros. Los juguetes que nos compró con tanto esfuerzo, las veces que nos hizo de caballo, que jugó con nosotros, que nos asustó, que nos cagó a pedos.. Los domingos a la mañana, los cinco en la cama grande para mirar la carrera del Lole, y él haciendo el desayuno para todos. El Lole salía segundo y después venía el mate con pan y salamín, mientras esperábamos que estén los fideos o el asadito. Su familia era el mejor mundo para mi viejo.


El viejo quería, por sobre todas las cosas, que estudiáramos. Por el año 77, recién mudados a Torcuato, con la casa aún sin terminar, el viejo no tenía plata para comprar el libro de lectura de primer grado para mi hermano. Pero mi hermano tenía que tener su libro, así que el tipo fue y compró un cuaderno Rivadavia, marcadores Sylvapen (los de las florcitas, ¿se acuerdan?) y una caja de lápices, pidió un libro prestado y lo copió íntegro. A ver si me entienden: el enferrrrmo le copió todo el libro de lectura, con sus dibujos, sus colores, sus letras imprentas y cursivas. Mi hermano tuvo su libro igual al de sus compañeritos, sólo que con renglones. Ese año mi hermano fue el mejor alumno de su grado (por primera y única vez en su vida, jaja).


El viejo nos apoyó siempre, en todo lo que decidimos, aunque no le gustara. Cuando le salí con que iba a entrar en la Escuela Nacional de Arte Dramático, el tipo me dice “mirá, hija, yo preferiría que estudies otra cosa, pero si eso es lo que querés, yo voy a apoyarte”. Y ahí estuvo, siempre. Me fue a ver a todas las obras que hice, al menos en Buenos Aires. Después, cuando le dije que me iba a vivir al Chaco, tampoco le gustó ni mierda, fue sin duda un gran dolor para él, pero apoyó, porque yo iba tras de un sueño de felicidad. Cuando quedé embarazada, vine a Buenos Aires a dar la noticia. Él, a sus cincuenta y siete años, ya estaba siendo brutalmente carcomido por el Alzheimer. En uno de sus momentos de lucidez, le conté que estaba embarazada y le pregunté si no le molestaba que fuera a tener un hijo sin estar casada. Me respondió: “¿Y cómo me va a importar, si vas a darme un nietito?” Cuando volví, con mi bebé de quince días, sé que le iluminé los casi dos años que le quedaban de vida. O se los iluminó mi hija. Él hizo lo último que podía hacer, con todas las limitaciones que le impuso esa enfermedad de mierda. Nos cobijó, nos amparó, nos amó. Y cuando todo estaba más o menos encaminado, se murió. Concha de su madre, la chota Huesuda se lleva a los tipos buenos demasiado temprano. Mi viejo no llegó a cumplir sus sesenta.


Los tres hijos recogimos su legado. Los tres tenemos, indudablemente, algo de él.


Mi hermana más chica tomó su gusto por la naturaleza y el deporte. Hace años ya que vive una buena vida en Necochea, preocupada por el medioambiente, apagando luces para salvar el planeta, esas cosas. Y entrenando a un equipo de básquet de pendejos de 5/6 años. Básquet. Mi viejo fue subcampeón de básquet en los Campeonatos Infantiles Evita del ’51. Cosas de la vida, en la reunión bloguera de la Bancaria conocí al capitán de aquel equipo, que es el padre de los jóvenes Cacharienses, el mundo es una carilina. Pero volvamos a mi hermana. Ella es la única que mantiene la estructura familiar que nos inculcó el viejo: marido, hijo que es un divinor, un perro, una casa con jardín. Claro que mi hermana exageró un poco, y la casa se la compró con vista al mar.


Mi hermano, el del medio, tiene ese buen humor a prueba de balas. Mi viejo era así, el alma de las fiestas, siempre pronto a alegrar la vida de quien estuviera cerca con algún chiste pelotudo. Como ese en el que Pedro se hunde al pretender caminar sobre las aguas, y Jesús se da vuelta, lo mira y le dice: “Por las piedras, boludo, por las piedras”. Esa clase de chistes, tremendamente idiotas, lo vuelvo a leer ahora y me cago otra vez de risa. Así también es mi hermano, un histrión al que a veces dan ganas de matar, y entonces el tipo va y te sale con cualquier huevada y te desarma toda la furia que podés haber traído.


Yo, la mayor, me quedé con su pasión por la música, por las letras, y por el peronismo. Nunca voy a cantar Romance de Barrio con su gorjeo dulzón, ni voy a tocar la armónica haciendo así con la patita como él, pero cazo la guitarra y abro la jeta y masomeno me defiendo. Nunca voy a escribir esos sonetos perfectos (ni ese incomparable Poema a la Mierda que escribió el animal). Apenas acomodo palabras y despunto el vicio por acá, a veces con cierta eficacia. Es en su pasión peronista, en sus ideales, en sus banderas que tomé y llevo adelante, donde más me hallo. Y en donde más lo honro. Espero.


Los tres hermanos heredamos la mano para el dibujo. Los tres somos padres que se desviven por sus hijos. Los tres nos mandamos algún cagadón alguna vez. Los tres somos personas buenas.


Disculpen si la hice demasiado larga, yo escribí todo esto sólo porque hoy hace quince años que se supone que se fue. Y para decir que estoy orgullosa del viejo que tuve. Y que el viejo debe estar orgulloso de lo que hizo. Ojalá todo el mundo tenga un viejo como el mío.


He dicho.

domingo, 13 de marzo de 2011

PERONISMO VS. PROGRESISMO: DISCUSIÓN CERRADA

"Quiero decirles a todos ustedes, que cuando incorporen a otros argentinos no les pregunten de dónde vienen, no les pregunten cuál es su historia o su partido.

Pregúntenles si están de acuerdo con que la Asignación Universal por Hijo sirve para que millones de niños tengan derecho a la educación y a la salud.

Y también, quiero que les pregunten si están de acuerdo con que tenemos que seguir industrializando el país y agregando valor para seguir generando trabajos más calificados para todo los argentinos.

Quiero que les pregunten si tenemos que seguir poniendo en la educación pública en todos sus niveles el esfuerzo y los recursos, y si tenemos que seguir aún poniendo más;


quiero que le pregunten si necesitamos seguir inaugurando - como hace unos días - universidades públicas y gratuitas
para que tengamos realmente niveles de igualdad;

quiero que le preguntan si necesitamos proteger el trabajo nacional, la producción nacional y el desarrollo de nuestra industria;

si necesitamos también seguir desarrollando un fuerte mercado interno que impulse también a que exportemos más y mejor
porque generamos más y mejores puestos de trabajo;

quiero que le pregunten si quieren ser un país donde los derechos humanos son una bandera de toda la sociedad, sin ninguna distinción de ideología o partido, porque es lo
que nos diferencia de la barbarie.

También quiero que le pregunten si como argentino se siente parte de esta América del Sur, de este MERCOSUR, de esta UNASUR, si se siente profundamente latinoamericano y siente orgulloso de su identidad, de su pertenencia, de su historia;

quiero que le pregunten si está de acuerdo con una sociedad que da derechos igualitarios, que amplía el abanico de posibilidades y que nos convierte a todos un poquito más iguales todo los días.

Si están de acuerdo con esas cosas forman parte de esta historia y de este espacio, lo demás es anécdota o vanidades personales."

A ver si nos entendemos: LO DIJO LA JEFA. Punto.

He dicho

domingo, 17 de octubre de 2010

LoS iMpreSenTaBLeS

Se quedó corto Borges cuando nos llamó incorregibles. La verdad es que los peronistas somos impresentables. Impresentables de toda impresentabilidad. Nacimos así, impresentables, colgados de un tranvía, cruzando un riachuelo, metiendo las patas en la fuente, quebrando para siempre la sorda modorra de una ciudad que miraba a Europa. No en vano el inútil de Sanmartino acuñó la frase que da nombre a este blog. Eso fuimos, eso somos, eso seremos. Un aluvión zoológico impresentable.

Impresentable ese Coronel de la Nación que azuzó a la turba dándoles los derechos que le eran propios, y encima tuvo el tupé de casarse con una ¡actriz! de dudoso rango e inexistente prosapia.

Impresentable esa actriz que no sólo mandó a las Damas de Beneficencia a que se metieran en el culo su goriosa institución, sino que usaba tapados de visón en pleno diciembre y mandaba tocadiscos a los hogares de huérfanas, máquinas de coser a las madres, llamaba "mis grasitas" a esos alborotadores, cambiaba la caridad por Justicia Social.

Impresentable esa horda de pobres, gritones, crenchudos, gordas, pibes de rodillas raspadas, viejas de pañuelos colorinches, negros de manos callosas, hediendo a grasa, a sudor, a barro de los suburbios.

Impresentables esas sirvientas que empezaban a reclamar a sus patrones el día de descanso, entre otras cosas, esos obreros que querían que sus hijos vayan a la universidad, esos peones que daban la vida por un estatuto, esos niños que soñaban llegar al mar.

Impresentable esa pretensión de dejar de ser testigos silenciosos para ser artífices de sus destinos.

Ciertamente impresentables... ¿impresentables para quién?

Para Mirtha Legrand, para Majul, para Susana, para Carrió, para Cleto el traidor, para Magdalena. Para la Sociedad Rural. Para los medios hegemónicos. Para la izquierda meadora lejana de tarros. Para la socialdemocracia. Para los radicales. Para los conservadores. Para la City. Para las señoras bian. Para las señoras masomeno que pretenden ser bian. Para los nuevos ricos. Para algunos intelectuales. Para los opinólogos que se la dan de intelectuales.

El peronismo es impresentable para todo aquel que se considere un biennacido, un bienpensante, un biencomido, un bien algo. Definitivamente, el peronismo es impresentable para la sociedad blanquita, moderna, pulcra, decente. Seguimos siendo los "cabezas". Esa sociedad no tolera ni la ética ni la estética del peronismo. Ni sus paradigmas culturales, ni su estirpe ni su forma de hablar.

El peronismo es altamente irritante porque es portante del elemento social capaz de modificar verdaderamente el destino colonial de la Patria, el elemento de cuyo seno proviene la posibilidad cierta de alterar las estructuras de poder: la clase obrera. Y esto, claro está, provoca el escozor lógico en quienes están agarrados de su cuotita de poder, desde la dueña de Clarín hasta el patrón del campo, pasando sin dudas por los empleados aquiescentes.

Hubo, por cierto, algunos "peronistas" que pasaron el filtro y lograron la aprobación de la tilinguería vernácula. Recordemos: Grosso, Manzano, Bauzá, Kohan, Cafiero, Chacho, De la Sota, Bordón, y, afeitadas las patillas, tirado el poncho y todos los principios justicialistas a la mierda, el innombrable. Es decir, la sociedad banca "ciertos peronistas". Los que no parecen peronistas. Los lavaditos, los tibios, los rubios. O los traidores.

Entonces no es extraño que, mientras estamos en un gobierno auténticamente peronista, asistamos a una especie de invisibilización del peronismo así, con nombre y apellido. Digámoslo una vez más: la sociedad, el establishment, no toleran ese sujeto urticante que renace hambriento de Justicia cada tanto.

En ese sentido, no está del todo mal esto que pasa. Estamos en un momento en el que, para seguir con este gobierno peronista, que toma decisiones peronistas, que lleva adelante Políticas de Estado PERONISTAS, necesitamos seguir contando con el apoyo de ciertos sectores que - no sin algún esfuerzo - están de este lado. Aunque no puedan asumir, aceptar, nombrar, dar pantalla, reivindicar, pertenecer al peronismo. Los políticamente correctos, digo. Algunas parcelas de la progresía, como los seisieteochistas, los sabbatellistas, los socialistas como Rivas. Amén de que necesitamos los votos aún de quienes ven al peronismo como algo impresentable, qué me importa si nos votan con cierto asquito, qué me importa si no puedo poner el escudito en la boleta, qué me importa si en vez de bombo tengo que usar violín o piano de cola.

Al fin y al cabo, el día que los impresentables peronistas seamos aceptados alegremente por la sociedad, que nos llamen de todos los programas, que almorcemos con Mirtha y bailemos con Tinelli, que salgamos en todas las revistas, nos habremos convertido en la remerita del Che.

Lo que importa es que podamos seguir teniendo días peronistas que, como todos sabemos, fueron, son y serán los más felices.
He dicho

lunes, 9 de agosto de 2010

UNA NIÑA PERONISTA


Resulta extraño que, en la memoria de una, determinadas cosas conserven sus dimensiones físicas con el correr de los años. Y que acrecienten su hondura. Suele suceder, digo, que el tamaño de algunos objetos cambie en la percepción personal en proporción inversa a la propia estatura. Recuerdo aquel bebedero del patio de mi colegio al que no llegaba sino en puntas de pie cuando estaba en el jardín de infantes. Cuando recorrí ese patio, años más tarde, el bebedero me llegaba a la cintura. Y así.

Hace unos días quiso mi buena estrella que mis pasos volvieran sobre las huellas que dejé hace más de treinta años en el Hotel Nº 3 del Complejo Turístico de Chapadmalal. Aquel ayer de viaje peronista que hice al finalizar el segundo grado - que ya relaté acá - se me juntó como la leche y el nescuic con este ahora de otro viaje peronista. Peronista en las dos ocasiones: aquella por obra y gracia de las Colonias de Vacaciones del 73, esta por su acceso vía sindicato, vía mejora de la situación económica kirchnerista y por si esto fuera poco, encompañerada.

Pensé que aquel edificio que cobijó mi asombro infantil sería en mi madurez menos enorme que en mis recuerdos. Y no. Así de grande era, nomás. Grande de todo grandor. Grande como para cobijar toda esa pequeñez obrera, como para acunarla en esas grandes barracas, para que haga gimnasia en esos grandes patios, para que se alimente feliz en ese gran comedor.

Y el mar, levemente celoso por un amor que debe compartir, también. El mar, grande y generoso, otra vez me regaló una piedra, mucho más bella que aquella que debe guardar mi vieja todavía.

Toda esa inmensidad puede achicarte los ojos, de veras. Puede metérsete en el pecho y hacerte niña otra vez. Y podés jugar con ese mismo mar que es tuyo porque tuyo lo hiciste con la primera mirada de boca abierta, como que te lo tragaste y nunca lo dejaste ir. Literalmente, porque tus labios no están tranquilos sin la frescura del agua. Y el aire salitroso te revuelve el pelo, se adueña de tu piel, se te mete en el alma, y te ensancha los pulmones. Igualito que él, fijate.

Recorriendo desde la adultez, se revelan otras cosas. Cómo nos olvidamos a veces de uno de los derechos que el peronismo nos hizo encarnar hasta el punto de ni pensar ya en eso. Y apreciar hasta qué punto lo hizo. Y cómo lo que vino después arrasó también con eso. Hablo del derecho al ocio. De la justicia del descanso. De que el trabajador tenga la posibilidad de pasar unos días como bacán. El peronismo no sólo le dio jerarquía constitucional. El peronismo llevó a los trabajadores a lugares que eran prohibidos para ellos. Salvo, claro está, que fueran como sirvientes de una oligarquía que también se había apropiado del mar, de la nieve, del reposo, de las montañas. Y entonces, por ahí, salían en la foto de los patrones, como esa que está en la mansión Ortiz Basualdo: familia típicamente garca, años 30, el padre, la madre y los ñiñitos, tan prolijitos, ropa almidonada. Y ella, la sirvienta, una piba de no más de dieciséis años, empujando el cochecito del bebé, con esa mirada sombría, sabiendo que su destino, el suyo y el de sus hijos, era ser parte de la servidumbre.

El peronismo no hizo un par de hotelitos de mala muerte. Construyó tremendos edificios, con bellas escaleras de madera, con todos los lujos, a escasos metros de la playa, para que los laburantes ni tuvieran que cansarse para ir a remojar las patas. Igual que los oligarcas. El peronismo devolvió lo que los dobleapellido habían afanado al Pueblo. También esto. Y cómo no van a odiarnos, si nos apropiamos de lo que nos es propio y ellos pretendían suyo. Hasta el mar. Si les llenamos las playas de señoras con sánguches de milanesa, de mate y bizcochitos de grasa, de sudores, de pelotas, de toallones multicolores. Tuvieron que arrellanarse en sus mansiones porque el olor a bosta no combina con el olor del jabón federal, pero sí con los perfumes franceses. Cómo no van a odiarnos si tuvimos acceso a sus privilegios.

Privilegios que tengo yo. Niña peronista. Mujer peronista.
Y nos seguirán odiando, porque no vamos a parar hasta que los tengamos todos.

He dicho.

ESTE BLOG ESTA ORGULLOSO DE SER PARTE DE LA MIERDA OFICIALISTA