"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE

miércoles, 2 de noviembre de 2011

EL FULANO...

Capazmente sea que una está más tranquila después del yeguazo, como que puede relajarse y tomar mate por unos días, que detrás de la niebla siguen acechando los gorilas pero hay un ambiente de calma y sosiego que puede permitirle a una escribir otras cosas.

Será eso o que una anda así, emocionadita de estos días, bienquerida, bienqueriente, dejándose acariciar un poco por la vida después de tantos magullones y otras caricias que se fueron, y que hubo que aprender de nuevo cómo era eso de estar pensando en alguien que te piensa, que te siente, que sabe cómo te gusta el café, no olvida llevarte la pimienta negra a la mesa, ni el vaso de agua al dormitorio o sí, se lo olvida pero se da cuenta.

Será eso o será nomás que el fulano cumple años, y hay algunos testimonios casi inobjetables que hablan de que alguna vez fue niño, y una no entiende el tiempo verbal que utilizan, será que no le ven los ojos en ciertas mañanas, o no escuchan el continuado de pelotudeces que es capaz de decir en esas mismas mañanas, cuando se despierta con una de esas contenturas. Pero supongo que hablan de otra niñez, de un naranjo que no sabemos si es naranjo, de correrías, de tarta de manzanas, el mujeraje amasando los ravioles, un papum como el de la foto -que de qué otra manera puede llamarse algo que cuando suena hace papum- provocando las protestas justificadas de la familia e anche el vecindario, y un tren cercano.

El fulano que cumple años es un oxímoron caminando. Tan contradictorio es, que es coherente hasta la puta madre, esas coherencias que tienen que ver con el hacer y el sentir, y no con lo que uno pueda andar palabreando cuando abren la puerta para ir a jugar. Y tuvo la precaución de andar las mismas calles, las mismas plazas, hasta la misma parroquia por la que anduve yo, todo diez años antes. Dicen las malas lenguas que es que me andaba huyendo hasta que para su desgracia lo alcancé y aquí estamos, encompañerados a pesar suyo. Y eso, en estos días, tiene el olor de unos gritos colectivos saltando en la nueve de julio, la música de un chori bien cocido, compañero, por favor, el color de unas lágrimas que mezclan alegría y tristeza, el sabor de esos brazos al caer la tarde, la textura dulce de un beso con llanto después del deber cumplido.

El fulano sabe mirarme así de abajito, sabe abrazarme a distancia, cuando me ve arriba de un escenario y le percibo el pecho ancho, inflado, la sonrisa relajada, y como un cartel en la frente que dice "dueño". Sabe hacerme reír hasta que me duele la cara y, créanme, me gusta mucho pero mucho reir. Sabe hacerme pensar y repensar cosas que a veces una cree que ya tiene demasiado pensadas, y el fulano viene y me hace darles otra vuelta de rosca. Sabe bancar a la Susanita y la Mafalda que conviven en mí, y darse cuenta de cuál gana momentáneamente. Y apostar a la otra, claro. Y entonces le pide a Susanita que lo ayude con un texto para una adhesión y a Mafalda que le haga el lemon pai para el cumple, éxito garantizado si tenemos en cuenta aquello de la contradicción. Y sabe, como nadie, soportar mi andar achaqueñado, ese ritmo provinciano tan mío, en medio de la vorágine porteña de la cual es parte, igual que yo.

Una nunca termina de acostumbrarse a ser tratada como se merece. A ser cuidada y querida, deseada, sostenida, discutida a veces, por un fulano que también viene maltrecho, quién no a cierta altura de la vida, pero se va dejando. Y viene con sus ideotas y todo el rock encima, con los dolores, ese dolor, que a veces se le cuelan en una sombra en sus ojos chiquitos. Con los recuerdos de un puré de zapallo y el correspondiente enchastre, con el orgullo de unos críos que iluminan el aire a fuerza de pelotudeces concatenadas, porque la herencia es la herencia, qué tanto, que aman, discuten y crecen.

Al fulano no le gusta mucho celebrar su cumpleaños. Será que no entiende que habemos algunos que le queremos festejar el hecho de estar vivo, de que haya venido a revolvernos el pelo, el alma, la vida. Y bue, su problema. Yo tengo un merengue italiano que batir en su honor.



He dicho

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