"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE

viernes, 9 de diciembre de 2011

FRENTE AL ESPEJO

Es la tarde. El sol se acuna lento, como hamacándose, espiándola por última vez hasta mañana, cuando la vea a pleno. La chica acomoda prolijamente todas sus cositas bien a mano. Repasa una y otra vez. Los zapatos de taco, nuevitos, brillantes, tres pares de medias porque siempre alguna se corre, en medio de los nervios. El vestido impecable, el saquito, que va a hacer calor pero siempre hay que tener un saquito. El collar de perlas, los aros, los anillos, las pulseras... todos puestos así, uno al ladito del otro, sobre el tocador. El estuche con los maquillajes: la base clarita, el tapaojeras, el rubor suave, el brillo labial, las sombras, el rimmel y el infaltable delineador. Todo perfectamente ordenado con esa serenidad inquieta de los preparativos de una gran ocasión. Una ocasión esperada, para brillar, para ser el centro de las miradas. Las mujeres sabemos hacer de eso un rito que no se compara con nada. Mañana va a estar linda, sí. Mañana van a quedar boquiabiertos todos los hombres del mundo, de su mundo, porque mañana el mundo es de ella. Mañana todo el mujeraje de la comarca la va a envidiar, sana o maliciosamente, la va a envidiar.

Hace días, o meses, o años, o toda su vida, que la chica se está preparando. En verdad, no es esta su primera gran ocasión, pero es tan especial que le humedece los ojos, le cimbra el aliento, le provoca ese nudo en el estómago. Todo el mundo revolotea, ajustando los últimos detalles para la fiesta. Las flores, las alfombras, los adornos. Todas esas cosas de las que se ocupan otros, porque la chica necesita cierta ajenidad para relajarse, aunque no mucho, no es su costumbre. Ella camina despacio por la habitación, recibe algunos llamados, mamá que pregunta si todo está bien, alguien que le alcanza un té, los chicos que regalan el mimo indispensable en el momento más díficil. Ella vuelve sobre sus pasos, piensa qué va a decir, teje ideas, se acomoda el pelo, tal vez se descalce y se tire un rato en el sillón.

En su soledad tan habitada desfilan los fantasmas queridos, las caricias ausentes, los tiempos del jean y la camisa a cuadros, los mandatos, los legados, las alegrías tamborilleadas, los amigos que sonríen desde la lejanía tan cercana de aquellos días. Con su último resuello, el solcito tenue alcanza a ver cómo aquella soledad se puebla de sonrisas desdentadas, cachetones morochos, pelos chuzos, de manos callosas, patitas flacas, sienes plateadas, delantales blancos, banderas, tantas banderas. Ahí, en esa soledad, ella lo sabe, están las mamás, los pibes, los viejos, los putos, los machazos, los pendejos, los obreros, las embarazadas, los estudiantes.

La chica sabe que están todos ellos y no está sola en esa soledad. Lo sabe y sonríe con esa sonrisa leve, apacible y diáfana. Se mira al espejo, se mira las manos, se acomoda el flequillo. Llaman a comer. Después, muy después, vendrá el descanso. Y la mañana, el desayuno liviano, sentarse frente al tocador, humectar la cara, esparcir la base con la esponjita, mirarse, pensar... todos los pensamientos se condensan en esos largos minutos, cuando una se maquilla. El lápiz pasa por el párpado rebelde que se inquieta con algún recuerdo, la sombra del mismo color de la ropa, o de un color neutro, en el centro del párpado, y un poco de profundidad en los bordes, así es. Las pestañas se arquean al paso implacable del cepillito del rimmel. Alguna broma de Néstor sale de la bruma e instala la sonrisa justa para que se deposite el polvo de rubor sobre las mejillas. Los retoques definitivos, la peluquería, vestirse despaciosamente, una última mirada al espejo, los besos que empiezan a afectar el maquillaje, los abrazos que capazmente arruguen un poco el vestido, los buenos augurios, las medias de repuesto en la cartera.

Y mañana iré a verla, vamos a ir todos los que le habitamos la soledad. Vamos a ir con toda esa furiosa alegría que ya no podemos contener. Vamos a ir a verla porque es la chica de todos. Vamos a ir a verla porque es su día y el nuestro. Ella terminó con sus preparativos y nosotros también. Vamos a ir a verla, sí. Y va a estar linda, tan linda cuando apoye su mano sobre la Constitución y jure...

lunes, 5 de diciembre de 2011

EL REY DE LOS BOLUDOS

Hace mucho, mucho tiempo, en un país lejano llamado Clarinlandia, había un boludo. Era un boludo importante, con título y con un culo en cuatro dimensiones, lo que le valió que lo eligieran vicepresidente.


El boludo andaba por la vida creyéndose un patriota, presumiendo de republicano, tragándose sin agüita la dorada píldora que le proveyeran don Magnetto y sus secuaces, suponiéndose el jefe accccc-soluto de la santa oposición y aledaños. Le faltaba el tutú para creerse primera bailarina del Colón, vea.


Cuenta la leyenda que el boludo empezó a suponerse fundamental para la Patria el día que traicionó el mandato popular votando en contra del gobierno del que formaba parte, escondiendo su flagrante defección tras las polleras de sus hijas, que así de cagón es. No contento con eso, desoyó durante dos largos años el clamor multitudinario que le aconsejaba retirarse mentando a la progenitora que lo había traído al mundo (con esos modos tan impropios que tiene la negrada). El boludo se atornilló al sillón que le habían prestado y así transcurrió esos meses, con más pena que gloria.


Tan creído andaba el boludo, que llegando al final de su mandato despreció otra oportunidad histórica: la de dar un paso al costado ante el aluvión de votos de la última elección presidencial. Pero no, el boludo no sólo no dio el paso al costado, sino que porfió en su capricho y, con un ancho falso en la mano cantó retruco y se levantó para mojarle la oreja a mi Presidenta, diciéndole que si quería que no estuviera en la ceremonia de reasunción, se lo pidiera personalmente. Mi presidenta orejeó sus cartas, y con ancho de espadas, el de basto y el siete de espadas, muy tranquilamente susurró quiero vale cuatro, y lo mandó a cumplir con la Constitución y tomarle el juramento. Desde arriba de la palmera.


Así es que dentro de cinco días, el gran boludo argentino será coronado Rey de los Boludos, cuando se retire del recinto por la puerta de atrás, en medio de una silbatina generalizada, en busca de las polleras de sus hijas, luciendo impertérrito su bonito helado en la frente.


He dicho.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

EL FULANO...

Capazmente sea que una está más tranquila después del yeguazo, como que puede relajarse y tomar mate por unos días, que detrás de la niebla siguen acechando los gorilas pero hay un ambiente de calma y sosiego que puede permitirle a una escribir otras cosas.

Será eso o que una anda así, emocionadita de estos días, bienquerida, bienqueriente, dejándose acariciar un poco por la vida después de tantos magullones y otras caricias que se fueron, y que hubo que aprender de nuevo cómo era eso de estar pensando en alguien que te piensa, que te siente, que sabe cómo te gusta el café, no olvida llevarte la pimienta negra a la mesa, ni el vaso de agua al dormitorio o sí, se lo olvida pero se da cuenta.

Será eso o será nomás que el fulano cumple años, y hay algunos testimonios casi inobjetables que hablan de que alguna vez fue niño, y una no entiende el tiempo verbal que utilizan, será que no le ven los ojos en ciertas mañanas, o no escuchan el continuado de pelotudeces que es capaz de decir en esas mismas mañanas, cuando se despierta con una de esas contenturas. Pero supongo que hablan de otra niñez, de un naranjo que no sabemos si es naranjo, de correrías, de tarta de manzanas, el mujeraje amasando los ravioles, un papum como el de la foto -que de qué otra manera puede llamarse algo que cuando suena hace papum- provocando las protestas justificadas de la familia e anche el vecindario, y un tren cercano.

El fulano que cumple años es un oxímoron caminando. Tan contradictorio es, que es coherente hasta la puta madre, esas coherencias que tienen que ver con el hacer y el sentir, y no con lo que uno pueda andar palabreando cuando abren la puerta para ir a jugar. Y tuvo la precaución de andar las mismas calles, las mismas plazas, hasta la misma parroquia por la que anduve yo, todo diez años antes. Dicen las malas lenguas que es que me andaba huyendo hasta que para su desgracia lo alcancé y aquí estamos, encompañerados a pesar suyo. Y eso, en estos días, tiene el olor de unos gritos colectivos saltando en la nueve de julio, la música de un chori bien cocido, compañero, por favor, el color de unas lágrimas que mezclan alegría y tristeza, el sabor de esos brazos al caer la tarde, la textura dulce de un beso con llanto después del deber cumplido.

El fulano sabe mirarme así de abajito, sabe abrazarme a distancia, cuando me ve arriba de un escenario y le percibo el pecho ancho, inflado, la sonrisa relajada, y como un cartel en la frente que dice "dueño". Sabe hacerme reír hasta que me duele la cara y, créanme, me gusta mucho pero mucho reir. Sabe hacerme pensar y repensar cosas que a veces una cree que ya tiene demasiado pensadas, y el fulano viene y me hace darles otra vuelta de rosca. Sabe bancar a la Susanita y la Mafalda que conviven en mí, y darse cuenta de cuál gana momentáneamente. Y apostar a la otra, claro. Y entonces le pide a Susanita que lo ayude con un texto para una adhesión y a Mafalda que le haga el lemon pai para el cumple, éxito garantizado si tenemos en cuenta aquello de la contradicción. Y sabe, como nadie, soportar mi andar achaqueñado, ese ritmo provinciano tan mío, en medio de la vorágine porteña de la cual es parte, igual que yo.

Una nunca termina de acostumbrarse a ser tratada como se merece. A ser cuidada y querida, deseada, sostenida, discutida a veces, por un fulano que también viene maltrecho, quién no a cierta altura de la vida, pero se va dejando. Y viene con sus ideotas y todo el rock encima, con los dolores, ese dolor, que a veces se le cuelan en una sombra en sus ojos chiquitos. Con los recuerdos de un puré de zapallo y el correspondiente enchastre, con el orgullo de unos críos que iluminan el aire a fuerza de pelotudeces concatenadas, porque la herencia es la herencia, qué tanto, que aman, discuten y crecen.

Al fulano no le gusta mucho celebrar su cumpleaños. Será que no entiende que habemos algunos que le queremos festejar el hecho de estar vivo, de que haya venido a revolvernos el pelo, el alma, la vida. Y bue, su problema. Yo tengo un merengue italiano que batir en su honor.



He dicho

jueves, 27 de octubre de 2011

EL TIPO (y yo)

Aquel 27 de abril le fiscalicé en una escuela de Quilmes. O le quise fiscalizar, porque a mitad del día me sentía muy mal, muy débil, y me fui a casa. Al otro día, al médico que me dejó internada, sin entender cómo podía estar parada teniendo poco más de dos millones de glóbulos rojos. Así estaba yo cuando el tipo entraba en el ballotage, anémica hasta la puta madre.

Mis compañeros de Quilmes le tenían fe. Yo, no mucha, machucada como estaba de tanta derrota, de tanto hijo de puta que había hecho mierda mi partido y mi Patria. Pero a los pocos días, Me*em se bajó y el tipo habló por radio. Yo lo escuché cuando venía en el Roca y me quedé dura. Este tipo me gusta, este tipo es el tipo, me dije. Y empecé a creer un poco. Llegué a la legis y le dije a Pablo "el tipo es kirchner". Nadie le confiaba mucho, por el tema de que lo había "elegido" Tachuela, a ninguno nos gustaba eso, pero bueno, es lo que hay.

El 25 de mayo no fui al Congreso. Lo vi por la tele. Dije "el tipo está loco" cuando lo vi jugar con el bastón. Escuché atentamente, escuche a un tipo que se declaraba hijo de las Madres de Plaza de Mayo y decía que no iba a dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Y ahí el tipo se convirtió en mi Presidente.

Un par de días después, el tipo le pegó una patada en el culo a toda la cúpula militar, incluido Brinzoni, al que le pegó un sosegate cuando el milico se atrevió a cuestionar la decisión presidencial. Con eso desarmó el arreglo que había abrochado Tachuela y me demostró que no era ningún chirolita.

Pasaron los días, los meses y el tipo seguía construyendo Patria. Bajaba las leyes de impunidad, hacía bajar el cuadro, mandaba a la mierda al FMI, al ALCA, que no nos vengan a patotear, le dijo en la propia jeta a Bush. El tipo estaba loco y se ganaba mi corazón a puro huevo.

El Pueblo empezaba a ser feliz y la Patria, grande. Tan grande que entraban los países hermanso a quienes siempre le habíamos dado la espalda. Yo no podía creer lo que pasaba, pasaba lo que siempre había soñado, Latinoamérica se unía poniéndose de pie ante el imperialismo. Y era obra de este tipo.

El tipo dejó el sillón y nos dejó una Presidenta de puta madre. Nos mintió un café literario, cagándose de risa, como era su costumbre, qué lindo es recordar cómo se reía.

Vino la andanada destituyente y el tipo se calzó los guantes para defender a su compañera y a las instituciones. En ese tiempo se armó Carta Abierta, y yo empecé a ir, simulando que era una intelectual, já. Un día me dice Coco Plaza "viene Néstor". Naaaaaaaaahhhh, me jodés. Y sí, el tipo vino, y el Coco, que es un compañerazo, le dice "flaco vení, te presento a una compañera". Y el tipo viene, me saluda, se saca la foto conmigo. Y no se saca la foto así nomás, me abraza, me pone en el hombro su mano pesada, me pega el cuerpazo, lo abrazo de la espalda y siento al tipo ahí, como cuidándome, como que nada malo puede pasar, como un hermano mayor que está dispuesto a cagar a trompadas a cualquiera que se te acerque.

La otra vez que lo tuve cerquita fue cuando tuve que conducir un acto del Frente Transversal en el Luna. Reproduzco acá lo que escribí en aquel momento:



"...Y empiezan los discursos. Y el infarto tan cerquita… Porque te cambian mil veces la lista de oradores. Porque cinco tipos te dan órdenes y contraórdenes simultáneamente. Y alguien tira la bomba: “en veinte minutos llega Néstor” ¡Aaaaaaacabáramos! Un sobre con ántrax no causaría el mismo efecto. Viene Dios.

Los monos de Dios, que ya estaban en el escenario, cobran vida. Y empiezan a darte órdenes. A vos y al pinta de nabo que por un momento cree, pobre, que él va a anunciar la llegada de Néstor. Que ya está ahí, parece. Tenés que anunciarlo. Tenés que decir lo que los muchachos más quieren oirte. Y vas, exultante, y les gritás que preparen los bombos y las gargantas porque llegó el compañero Néstor. Y los muchachos explotan. Y empiezan a corear, mientras en el escenario alguien te dice que no y todos los demás se dan vuelta hacia el lugar por donde va a entrar Dios. Ahí caés en la relatividad del tiempo. Los segundos más largos del día. No sabés cuántos son, parecen interminables esos segundos en los que Néstor no aparece y vos vas pensando cómo mierda hacés para decirle a los muchachos que no, que no está, que mientras seguimos esperando va a hablar Depetri, o va a cantar Copani, o les vas a pasar una receta de cocina.

Pero ahí entra Néstor y el alma te vuelve al cuerpo. Canta Copani, habla Depetri. Cierra Néstor y lo tenés que anunciar. ¿Y qué carajo decís? Entonces un rayo catódico te alumbra la neurona y gritás la frase que al otro día sale en Clarín: “Habla el artífice de la recuperación de la Patria…. ¡¡¡compañero NestorrrrrrrKiiiirrrrchneeeerrrr!!! Lo decís convencida y abajo lo escuchan convencidos. Ya está. Te podés morir si querés, mientras los muchachos explotan y los de la tribuna norte empiezan a irse, carajo, ¿para eso rompieron tanto las bolas
?

Después de aquello, la derrota del 2009, seguía la construcción de la Patria Grande, el tipo se va a la Unasur, es un mostro que crece y se gana todo, ya no sólo mi corazón.








Y el día, hace un año. El tipo, que está loco, va y se muere. Puta madre. ¿Qué hacemos? ¿Qué hago? Viene el abrazo de mi hija, que me contiene, puta madre. Busco el hombro de mi compañero, desolado como yo, puta madre. Nos vamos a la plaza los tres, nos encontramos con decenas de miles, todos hechos mierda como nosotros, puta madre. Nos comemos quince horas de cola y no, no llego, el cuerpo dice no y me desmayo, recontra puta matre. La Patria queda desprotegida ¿queda desprotegida? No. Ni la Patria ni yo quedamos desprotegidas. Ni los viejitos, ni los pibes, ni las mujeres, ni nadie. Nadie queda desprotegido porque queda Ella, ahí paradita en medio de su dolor, custodiada por el Pueblo, por nosotros, que el domingo triunfamos, que ayer triunfamos metiendo en cana a los genocidas. Ella y nosotros. Y ni Ella ni nosotros aflojamos, porque eso, eso nos enseñó el tipo.








He dicho

miércoles, 26 de octubre de 2011

LIMPIANDO LA PATRIA...

Tallada: 25 años
Montes: perpetua
Tigre Acosta: perpetua
Pernías: perpetua
Astiz: perpetua
Scheller: perpetua
Rádice: perpetua
González: perpetua
Savio: perpetua
Cavallo: perpetua
Donda: perpetua
Coronel: perpetua
Weber: perpetua
Fotea: 25 años
Capdevilla: 20 años
Azic: 18 años


Hoy hay un poco menos de mierda por la calle

¡30.000 compañeros detenidos desaparecidos, PRESENTES!

Esto también se lo debemos a él.

He dicho

martes, 25 de octubre de 2011

NO PARAR DE REÍR

Y sí. ¿Por qué parar? ¿Cómo no reír hasta el cansancio cuando estuviste todo el día laburando, esperando ese momento glorioso de abrir los sobres y empezar a contar los votos? ¿Cómo no reír si cuando terminás tu tarea pasás por la casa a dejar el mate y justo prendés la tele y ahí está la bola naranja anunciando su resistencia al régimen, algo occccvio a juzgar por su figura? ¿Cómo no reír si hasta te animás a hacer estos chistes fáciles y pelotudos sin sonrojarte?


No parar de reír, porque te acordás de las señoronas de barrio norte saliendole a cacerolear a tu presidenta, llevando a las sirvientas a aquellos actos destituyentes, te acordás de aquella tristeza sin mensura del 2009, del odio que te provocó la cara de satisfacción de Santo y María laura anunciando la derrota, si tenías que guardarte en la discusión con tus parientes que te aseguraban que Cristina no llegaba a fin de año, igual que los periodistas, los politiqueros, el verdulero, el tachero, guardarte con tus parientes porque el tío es grande y bueno, le cree a Clarinete y vos qué le vas a decir, no querés discutir con tu tío porque lo querés hasta la mierda, ida y vuelta. Y hoy sabés que el tío debe tener una bronca bárbara, porque es gorila pero buen tipo, siempre fue bueno, hoy debe estar amargado y capaz algún día se de cuenta de que seremos incorregibles como decía Borges, pero hacemos cosas buenas para el país.



No parar de reír porque ya te lloraste todo hace como un año, cuando el Flaco nos dejó sin previo aviso y vos te quedaste así, hecha pelota, como todos los compañeros, como Ella, que te mostró cómo había que hacer de tripas corazón y seguir laburando, dejando con la ñata contra el vidrio a todos los boludos que pensaban que con semejante golpe, Ella no iba a poder seguir.



No parar de reír cuando vas caminando hacia el hotel y llegás a la Nueve de Julio y empezás a sentir los primeros bocinazos, y ves el aluvión zoológico que marcha hacla la Plaza una vez más, exultante, rebosante de esa alegría primaria que sale de todo peronista en forma de vivaperóncarajo, dedos en ve, salticados en la vereda, gritos desde los micros, agite de banderas, y risas, risas, risas. Y alzás los ojos y ves a la Eva inmensa que parece estar gritando el triunfo igual que vos, y le hacés la ve como saludando con todas tus tripas.



No parar de reír cuando te amontonás con la gente, con los morochos y morochas que vienen quién sabe de dónde, ya no es el subsuelo de la Patria sublevado, ya no es sublevado, ahora viene a festejar. Cuando te aprietan, te empujan, te comentan números, te comentan reacciones de los derrotados, se hacen chistes, tan fáciles como el del principio de este posteo. Cuando ves a los pibitos sobre los hombros de sus padres, una nenita me acuerdo, con sus ojos grandes y marrones, sus rulitos que llegaban a los hombros, contenta capaz que sin saber por qué. Cuando ves a los pendejos, y te ves a vos misma a esa edad, cuando comenzaste tu vida política con una violenta derrota y estos pibes qué suerte tienen, empezar así.



No parar de reír cuando ves esos viejos peronistas, gente grande grande, entrada en canas hace mucho tiempo, con los ojos húmedos, capaz que ya no creían que este vientito fresco podía volver a la Patria, esta Justicia, este crecimiento, esta reactivación de la industria, todas esas cosas que los peronistas nacidos y criados aprendimos como un catecismo y que ellos vivieron. Y ahora lo están repitiendo. Quién sabe cuántas cosas hay detrás de esos ojos lloricosos.



No parar de reír cuando ves la fila para el choripán y tu hombre dice que es muy larga. Zapallito mío, ¿qué otra cosa tenés que hacer esta noche que no sea comerte la fila y clavarte un choripán como Perón manda? Y el tipo que va y le pide al choripanero dos que estén cocidos y vos no podés creer que esté pidiendo eso, el desubicadito, y menos podés creer que el choripanero le diga "dame un minuto" y le encaje el chori medio crudón al flaco de atrás.



No parar de reír cuando querés salir un poco de la marejada y buscar la pantalla, porque querés verla, querés verla y ni en pedo vas a poder llegar a ver la pantalla así que te conformás con escucharla, en esa Plaza tuya, en esa Plaza de nosotros, Pueblo riente.



No parar de reír cuando te vas de la plaza y cruzás Bolívar y llegás al triangulito ese y te parás y agarrás el pecho del fulano tuyo y llorás, llorás y llorás porque qué bueno es estar con él y porque no podés parar de reír.



No parar de reír cuando casi ni podés caminar y vas saliendo del quilombo, y volvés a cruzar la Nueve de Julio y ahí está la Eva otra vez, la de los humildes, que sonríe, plácida y satisfecha, y le hacés la ve como saludando, con todas tus tripas. Cumplimos, Señora, ya podemos ir a descansar. Y seguís el camino a casa, y no parás de reír.


He dicho.

lunes, 24 de octubre de 2011

Yasssstá...

Ya nos levantamos tempranito ayer, fiscalizamos, nos comimos los nervios, hicimos las cuentas, llevamos las carpetas al comando, festejamos, y nos fuimos a dormir pasadas largamente las dos de la mañana.

Hoy, la legis está cerrada porque ahí se guardan las urnas, así que no tengo que ir a laburar. Así que siendo las seis de la tarde recién termino de almorzar, así que estuve tooooooodo el día haciendo fiaca, fiaca y más fiaca. Yo que tengo la oportunidad, no me la voy a perder. Y puedo hacer fiaca, sobre todo, TRANQUILA. Total, yassstá, ya aseguramos nuestro gobierno por cuatro años más.

Mañana, capazmente haya algo por acá. Hoy, solo fiaca.

He dicho.

domingo, 23 de octubre de 2011

URNAS




UNA VEZ, UN HIJO DE PUTA LAS GUARDÓ...






OTRA VEZ, OTRO HIJO DE PUTA LAS QUEMÓ...




ESTA VEZ, EL PUEBLO ARGENTINO LAS VA A REVENTARRRRRRRRRRRRRRRR!!!

sábado, 22 de octubre de 2011

VÍSPERAS

Me gustan las vísperas desde que era chiquita. Es como el olorcito del café que llega en bandeja, como el sonido profundo de las copas antes de que el tinto y los ojos del bienquerido inunden el alma, como el primer acorde de una canción que escuchamos por la radio y nos disponemos a disfrutar, como el ta ta ta ta ta en el timbre que anunciaba la llegada de mi viejo con los bolsillos llenos de caramelos, como el temblor del pibe que espera la llegada de la chica el día que se le va a declarar.

Las vísperas de mi cumpleaños eran algo fabuloso. Colgar las guirnaldas en el comedor, una de tríangulos que decian feliz cumpleaños y las de papel crepé que armábamos nosotros, comprar el jamón y el queso para rellenar los sacramentos, mi vieja en la cocina preparando la torta, planchando el mantel, mi viejo que a la noche traía las últimas cosas, mis hermanitos muertos de envidia porque la homenajeada esta vez era yo. Toda una preparación infernal para una fiestita que no duraba mucho más de dos horas, sin payaso ni toda esa parafernalia porque en aquella época medio que no se usaba mucho, y si se hubiera usado mis viejos no podrían pagarlo y además no entrábamos todos en un dos ambientes.

Las vísperas del primer día de clases también estaban buenas. Forrar los cuadernos con papel araña azul, sacar punta al lápiz negro, a los de colores no porque ya venían con la punta sacada. Pero con la gillete mi mamá les hacía una feteadita en la parte de atrás para que yo pusiera mi apellido. El olor de los cuadernos nuevos, del plástico de la cartuchera, acomodar todo en el portafolios de cuero marrón claro. Mi vieja planchaba el delantal de tres tablas y lo dejaba en una percha colgado, anhelante. Los zapatos guillermina perfectamente lustrados, las medias azules bien dobladitas, la cinta azul para el pelo también planchadita para que el moño quede impecable.

Otras vísperas lindas eran las de Reyes. Había que escribir cartita, jurando y perjurando haberse portado bien ese año, cosa no siempre cierta, más bien nunca, recorrer el barrio juntando pastito para los camellos, lustrar bien los zapatos, que queden brillantes para que a los reyes les guste, poner el pastito y los zapatos y el agua al lado de la puerta e irse a dormir tempranito porque a los reyes no les gusta que los vean y además así el tiempo se pasa más rápido y llegaba la mañana de regalos, ojalá sea un libro de la colección Robin Hood, puede ser El Príncipe Valiente, o Sandokán.

Las vísperas de un viaje tengo tambiém. Un viaje que me llevaba mil kilómetros al norte de mi vida, de mi gente, de mi amigos, de mi parientes, del viejo, la vieja, mis hermanos, hacia una provincia olvidada, postergada, un pedazo de suelo argentino que siempre me había llamado la atención en el mapa por su forma de caballito. Tener el pasaje para ir en tren, cargar los libros más importantes, toda la ropa. Hacer el avío que era al mismo tiempo cisura y raigambre con este Buenos Aires querido y odiado. Ver los ojos infinitamente azules del viejo que apoyaba mi decisión con todo el generoso dolor del que pueda ser capaz un padre, porque él también apostaba a que allá, entre chivatos y viento norte, encontraría la alegría del amor en unos ojos negros y buenos, y mi propio camino. No saber, no saber, que en un gesto de amor casi primario, la vieja había deslizado subrepticiamente un frasco de nescuik y otro de azúcar, que fue su forma de decirme que me quería, impedida como estaba de ponerlo en palabras, siendo, de hecho, que no me hablaba desde hacía dos semanas, cuando supo que la ida era cierta.

Las vísperas de un estreno. Despertaba a veces aterrorizada después de soñar que me había olvidado la letra o me faltaba el vestuario. El último ensayo, sin cortes, descubriendo vericuetos del personaje hasta último momento, sabiendo que iba a seguir descubriédolos en las funciones. Anotar todo, para no olvidarse ni el trapo ni el vinagre para pasar al escenario antes de la función, así viene mucha gente. Las indicaciones de Hemilce, la mejor directora que tuve en mi vida, la que sacó lo más brilante de mi vida como actriz. Intuir que allá, en la última fila, iba a estar el viejo aplaudiendo como cuando actuaba en Buenos Aires, orgulloso de esa hija que cumplía sus sueños. Asegurarme de no tener nada amarillo, de que estén todos los maquillajes, de no coserme nada con la ropa puesta. Soñar con el aplauso del público, que siempre agradece lo que se le brinda desde las entrañas. Y el nudo, el nudo ese, indescriptible, en la boca del estómago, el temblor de patas que iba a durar justito justito hasta el momento de poner el pie (derecho) sobre el escenario, para que la magia llegara y por una hora y pico todas esas personas creyeran una historia.

Mucho más acá en el tiempo, recuerdo las vísperas de mi parto. Todo un día internada enchufada a la oxitocina porque la piojosa no quería salir y la placenta ya no le servía para nada. Todo un día hablándole para que dejara la fiaca y saliera de una vez, que yo tanto la esperaba. Todo un día cagándome de risa cada vez que venía mi doctor y la peridural metétela en el orto porque a mí el parto no me va a doler nada de nada. Creo que ya lo conté.

Las vísperas de otro viaje, que me pone quinientos kilómetros al sur de la soledad. Y pongo este párrafo en presente porque así es de presente. No sé qué se pone en una valija cuando una se va por primera vez de vacaciones con el hombre que ama. No sé lo que es irse de vacaciones con el hombre que se ama. Hará demasiado frío, lloverá, cómo será la luna ahora sobre aquella ciudad que no veo hace treinta años, y que ahora me va a devolver este tipo increíble, dulce y huraño, que se anima, se anima a pasar una semana conmigo que hace tantos años que no sé lo que es convivir con un hombre. Todos los terrores y las ilusiones es lo que se pone en esa valija, al lado de los zoquetes y el camitontito. Todas las dudas y los anhelos, ahora lo sé, creo. Los sueños que alejan dolores, eso se pone. La posibilidad incierta pero sí, dale, de que las cosas sean diferentes, de que al fin haya llegado el tiempo de descansar, de dejarse mimar, de sostener y dejarse sostener. Y otra vez los temores... ¿Se aburrirá, la pasaremos bien, nos reiremos, nos enojaremos, podré adueñarme de esa ciudad con mar? Quién sabe, tantas cosas pueden pasar entre dos personas en una semana...

Las vísperas tienen un tinte verde claro, como la voz de mi hija. Tienen ese saborcito a promesa, esa impronta de novia por entrar al registro civil, ese ronroneo del cielo por la madrugada, cuando la luminosidad del día se abre paso entre los edificios y se cuela en el dormitorio, el olor de la tierra justo justo antes de que empiece a llover. Esa ansiedad del murguista esperando a su colombina a la salida del tablado. Es como esa mirada medio así de abajito que es preludio de una noche más de amor, igual a ninguna otra.

Las vísperas son un regalo maravilloso cuando sabés, sabés, que al otro día te va a pasar algo definitivamente bueno.

Así estoy hoy. En vísperas...

He dicho

viernes, 21 de octubre de 2011

TRISTE, SOLITARIO Y FINAL

Anoche, el tipo que hizo y deshizo a su antojo la provincia de Buenos Aires por más de una década, puso fin a su campaña y - si le quedara un resto de inteligencia- a su carrera política. Es otra de las buenas noticias de la semana: si los dioses nos son favorables, el domingo nos sacamos de encima esta lacra, aunque él diga que no, que va a seguir, no sé cuánto podés seguir si ya no te dan bola ni tus parientes.

No pudo hacer su cierre en una gran avenida, ni en una cancha de fútbol, ni en un humilde microestadio de club de provincia. No le dio para un teatro más plaza, ni una caravana, ni nada de eso. Por suerte siempre hay amigotes que te prestan el s.u.m. Así es que la sede de gastronómicos fue el lugar. Podría haber sido una cabina telefónica, para disimular el patetismo.

Anoche, el tipo que manejó los hilos del país durante unos años, que controló diputados, dirigentes, intendentes, punteros, manzaneras, jueces, comisarios, no pudo juntar ni doscientos tipos. Ni el tiro del final, digamos.

Así lucía el sum de gastronómicos anoche, tipo once. En un baño público he visto más gente.

He dicho

miércoles, 19 de octubre de 2011

PÁNICO EN EXALTACIÓN DE LA CRUZ

"Me voy a vivir a Exaltación de la Cruz, Capilla del Señor... después del tres por ciento, ¿qué me queda?" Tales declaraciones, en boca de la doctora sin tesis Biblita Carrió ha provocado un ataque de pánico masivo entre los habitantes de ese partido bonaerense y el éxodo de los mismos, cual neoyorquinos después de escuchar a Orson Welles en "La Guerra de los mundos"


La Rama Pendenciera de Aluvión Zoológico solicita a la población la máxima cautela al abandonar la ciudad, a fin de no provocar desastres mayores que los que ya llevará a la región la presencia de la más perdedora de todos los perdedores.


Asimismo, el Subcomando de Investigaciones Truchas de la Rama Pendenciera, pudo saber, a través de secretísimas consultas con altas e inobjetables fuentes, las intenciones de algun@ que otr@ politicuch@ a posteriori del urnazo que se viene. A saber:


- Tachuela está buscando refugio entre sus amigos y colegas. Altísima probabilidad de que haya solicitado asilo en algún pueblo colombiano


- Justin Binner sacó turno en Schuanek


- Ricardito busca amparo en Chascomús pero ahí no lo quieren ni los perros, así que está recorriendo satrerías a ver si se hace un traje que no le quede grande como los del viejo


- El Alberto está juntando nafta para el plato volador que lo lleve a Xilium, donde planea postularse a concejal


- Altamira, después del milagro, busca un monasterio


- Margarita se está haciendo una casa con todos los rastis que le quedaron del spot de campaña


- La "piba" del rancio apellido, fiel a su costumbre, estaría pensando en mudarse a Catamarca, porque supo que allí hay "un pueblito aquí, otro más allá, y un camino largo que baja y se pierde"




La Rama Pendenciera de Aluvión Zoológico les desea a todos unas felices vacaciones. Permanentes.



He dicho

lunes, 17 de octubre de 2011

LA TELE

Está ahí, cuadrada y plateada. Es una Hitachi de 21 pulgadas que compré hace un par de años por un crédito en la mutual. Habla casi todo el día. Habla y muestra imágenes, muchas de las cuales yo ni veo, porque la tipa está prendida casi como si fuera una radio. Pero de cuando en vez me llama y me ancla al sillón por unos minutos.

En sesenta años nos mostró de todo. Lo primero que yo me acuerdo es cuando Pipo Pescador me cantaba se equivocó la paloma y dibujaba detrás de un vidrio. Un día leía las cartitas que le mandábamos los chicos y sacó la mía, una postal con los reyes magos que medio se movían por un efecto de textura. Fue la primera emoción que me regaló la tele. Otro día salió el Zorro de la pantalla y no sé por qué milagro apareció en la Rural. Con su capa, su antifaz y su caballo Tornado me regaló un beso en la mejilla y abrió una puerta por la que la tele y la realidad se comunicaban, cosa e' mandinga.



Poquitos, muy poquitos años después se tiñó de negro. Hubo gente que ya no salía por ahí. Hubo gente que no salió más a la luz de sol. Pero no quiero irme de tema. Y el tema es la tele.



Bicho raro, querido y odiado. Me ha provocado risa, lágrimas, puteadas a granel. Me ha enganchado con cada pelotudez de novelas venezolanas más malas que los spots de Ricardito. Me ha tenido horas y horas escuchando discursos de senadores que terminaron en una traición anunciada. Me ha mostrado luces y sombras (a veces más sombras que luces ) de una historia que íbamos haciendo casi sin darnos cuenta. Una historia que incluía la quema de un cajón en vivo y en directo, levantamientos militares que nos llevaron a la Plaza a defender al padre de este pajarón que era nuestro presidente -aunque no nos gustara a muchos- pero era un Presidente, el episodio de Villa Martelli, inentendible si no pensamos mal de algunas gentes, secuestros, marchas, represiones, sentencias que inauguraron el fin de la impunidad en esta bendita Patria, y de un tiempo a esta parte nos regaló anuncios, anuncios que se hicieron realidad, aumentos de la jubilación, asignación por hijo, más vacunas, más escuelas y no quiero seguir porque otra vez me voy de tema.


Desde los culos y tetas de Porcel -casi inocentes desde el hoy- hasta los culos y tetas de Tinelli, pasando por los almuerzos donde se indignó la digna Cecilia Rossetto, el que se venga el principito, el que se vayan todos, televisión por la identidad, la caída del muro de Berlín, la muerte del Papa, la elección del Papa, la muerte de Bin Laden, la invasión a Irak, el rescate de los mineros, el que se ganó el millón en lo de Susana, la muerte de Sandro y de Rodrigo, las manitos haciendo tortitas de manteca de los indignados, las montañas de flores en el palacio de báquinjam, choques de trenes y aviones, Chernobyl, los cincuenta puntos de Grande Pa, la caída de las bolsas, el primer bebé de probeta, los quintillizos Riganti, todo todo todo pasó por la tele. Hasta la confirmación de la noticia que me dio mi vieja, consternada, por teléfono, cuando yo estaba tan tranquila preparando el café con leche para esperar al censista.


Eva fue la primera imagen que transmitió esta tele nuestra. Seguramente los trescientos tipos que tenían el aparato ni por puta se imaginaban lo que significaba. El mundo, la historia, las ciencias, las artes, la información, se podían condensar ahí, en ese artefacto al cual todas las madres han (hemos) puteado y al cual han (hemos) recurrido alguna vez, saturadas de griterío infantil.


Eva inauguró, también, la posibilidad de que todos los argentinos accedieran al instante a los sucesos de aquí y del mundo. Que los vieran. Y que el mundo nos viera.

Eva fue vanguardia, también en esto de la comunicación, del derecho a la comunicación, a la información, a la propia cultura.


Cristina levanta aquel nombre y lo lleva como bandera a la Victoria. Y la victoria también tiene que ver con la pluraridad de voces, la democratización de los medios, la redistribución de micrófonos y cámaras, por decirlo de alguna manera. Porque calculo que así como al gorilaje de 1951 le dio por el quinto forro que fuera el peronismo, en la figura de esa "actrizucha" ilegítima estuviera desparramando su imagen al mundo, al gorilaje actual debe darle por el mismo lugar que sea otra vez el peronismo, en la figura de esta "shegua" rodeada de esas viejas de pañuelo blanco, de esos niñitos, de esos actores y actrices "comprados", de esos tantos que "van por el choripan", el que en nombre del Pueblo se haya apropiado de ese lugar que alguna vez cimbró con los gritos de los torturados para transformarlo en un lugar de Vida, tanto que desde allí se generarán los contenidos que enriquecerán aquello de lo que estoy hablando desde el principio: la tele.


Al fin y al cabo, en este país, los avances siempre han venido de la mano del peronismo.


He dicho

POR OTRO DIECISIETE

¡¡¡ Feliz día Compañeros!!! Y a seguir trabajando para la Victoria, la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Patria

jueves, 13 de octubre de 2011

OKTUBRE. EL FUTURO

Llegó octubre y el futuro está acá. Capaz que ni te diste cuenta, porque andás ocupad@ en otras cuestiones. A lo mejor estás, como yo, viendo que vestido lindo le comprás a tu hija para su graduación, que falta tan poquito. O haciendo cuentas para ver adónde te vas de vacaciones este año, si el mar o la sierra, el sur o el norte, si te vas en micro o en avión, ahora que por Aerolíneas sale casi lo mismo. O viendo si aprovechás el aguinaldo para darle una refrescada a tu casa. O pensando si te comprás un lcd en cincuenta cuotas para ver el partido. O puteás porque no te podés comprar la casa pero podés mejorar tu estar en la que alquilás con un aire acondicionado. Tal vez estás planeando un asadito para el domingo con tu familia o terminando de desarmar las valijas del fin de semana largo.


El asunto es que te ocupás de tus cosas de hoy, de mañana, de dentro de unos meses, y no andás pensando en el futuro. Estás viendo qué país tenés hoy, que condiciones de vida tenés hoy, que podés cambiar el celu, o tener dos, que tienen celu tus pibes, tu vieja, que hay dos compus en tu casa, que podés cambiar el auto, que casi no podés andar por Buenos Aires porque está lleno pero lleno lleno de autos, como nunca viste en tu vida. Y si andás en bondi, tren o subte, puteás porque a toda hora está lleno, y eso es porque hay más gente que viaja, porque hay más gente que va a laburar todos los días. Y sí, de vez en cuando se te cruzan algunos quilombitos, algún piquete, alguna manifestación, un paro de tren o de subte. ¿Te acordás de cuando eso era todos pero todos los putos días a toda hora?


A lo mejor sos de los que todavía no acceden a un auto, a una casa, a un sueldo que te permita ahorrar. A lo mejor la yugás todos los días en un trabajo irregular, con un sueldo con el que no llegás a fin de mes. Y entonces no pensás mucho en el futuro porque te preocupa el hoy, las cuadras que tenés que caminar para comprar más barato, cómo estirás esos manguitos, conseguir los certificados de escolaridad y vacunas de tus pibes para cobrar a fin de año el resto de la AUH. Pero seguro que tenés menos preocupaciones que hace unos años, cuando ni siquiera preocupaciones podías tener y para comer tenías que esperar la bolsa que te daba el gobierno de turno, y capaz que hasta terminaste internad@ por una anemia machaza fruto del alimentarte mal. A lo mejor sentís que el futuro no te está llegando, pero te juro que hay quien está trabajando para que tengas ese futuro y mejores este presente.


Vos estás con estas cuestiones del hoy y por ahí ni te das cuenta de que ya estás viviendo el futuro. Por ahí ni te avivaste de que los tres millones y medio de pibes que hoy reciben la Asignación por hijo, dentro de quince o veinte años van a tener un título secundario, van a tener todas las vacunas, van a estar mejor alimentados que los pibes que hoy tienen quince y que vivieron una vida de mierda, teniendo que salir a chorear o refugiarse en el paco. Oséase: en quince o veinte años vamos a tener tres millones y medio de pibes con las mismas oportunidades para empezar una carrera terciaria o universitaria o acceder a un empleo en blanco. Eso es el futuro y lo tenés acá. Alguien lo pensó.


Vos estás en esas cuestiones del hoy y por ahí no sabés que dentro de veinte o treinta años las mujeres no se nos van a morir por cancer de cuello de útero, porque a partir de este mes se está vacunando a las niñas de once años contra el HPV. Y que nuestros pibes van a ser más sanitos porque el calendario de vacunación tiene dieciséis vacunas que hay que darles sí o sí, y que el Estado se las provee. Y nuestros viejos están mejor hoy porque tienen medicamentos genéricos, y planes para irse de vacaciones gratis, y aunque todavía no ganan lo que quisiéramos todos que ganaran, sin dudas tienen una vejez un poco más tranquila, y más digna. Igual que la que vas a tener vos porque el Estado garantiza que tus años de trabajo se te devuelvan en tus años de reposo, en lugar de que te los rife una AFJP. Ese es el futuro y lo tenés acá. Alguien lo pensó.


Vos estás en estas cuestiones del hoy y ni te imaginás que si a alguno de tus pibes se le ocurre estudiar ingeniería, por ejemplo, como a la mía, si esto sigue como hasta ahora, no va a terminar manejando un taxi, porque ahora tenemos Atucha I, II, y vamos por la III. Porque además inauguramos parque eólico, reactivamos astilleros, megausina en Río Turbio, arreglamos submarinos, desarrollamos la industria metalmecánica, de a poco vamos mejorando y ampliando el sistema ferroviario, tenemos doscientos ochenta parques industriales, hacemos celulares y computadoras en Ushuaia, vienen las empresas a fabricar acá, hacemos autos, en fin, levantamos las persianas que se fueron cerrando desde la dictadura hasta el presente. Y todo eso es trabajo para hoy y para dentro de veinte años. Y es un país industrializado, que no dependa de las importaciones. Ese es el futuro y lo tenés acá. Alguien lo pensó.


Vos estás en esas cuestiones del hoy y capazmente ni te figurás que esos científicos que repatriamos están trabajando para que dentro de quince o veinte años tengamos más y mejores vacunas, medicamentos, biotecnología, valor agregado, energía, conocimiento, y que están formando los científicos del mañana, así si a tu pibe se le da por las ciencias va a tener hospitales, laboratorios, fábricas, universidades, institutos en los que poder laburar. Acá, no en Europa ni en EEUU. Que para eso creamos el Polo científico tecnológico. Ese es el futuro y lo tenés acá. Alguien lo pensó.


Vos estás en esas cuestiones del hoy y ni pensaste que cuando ampliamos las redes cloacales, de agua potable, líneas de alta tensión, construimos hospitales, escuelas, a lo largo y a lo ancho del país, no sólo estamos mejorando las condiciones de vida actuales de las poblaciones de la Patria, sino que estamos, lenta pero firmemente, creando el campo propicio para que la gente se quede en las provincias, se desarrollen las distintas regiones y se descentralice la producción y la ocupación del territorio. Eso es el futuro y está acá. Alguien lo pensó.


Vos estás con esas cuestiones del hoy y no dedujiste que cuando destinamos más plata para educación y menos plata para pagar la deuda (que encima renegociamos con amplias ventajas para nosotros) estamos construyendo un país con mejores oportunidades para todos, con menos desigualdad, y esto lo vamos a ver en unas décadas, cuando los pibes sean profesionales trabajando en su Patria. Ese es el futuro y está acá. Alguien lo pensó.


Vos estás con esas cuestiones del hoy, y podés estarlo, tranquilamente. Porque el país de acá a veinte años lo está pensando alguien que lanza un plan industrial y otro agroalimentario que llega al 2020, alguien que se ocupa de mejorar tu vida de todos los días pero también la de tus hijos y tus nietos. Alguien que sin duda merece el título de Estadista. Alguien que tiene un plan, de verdad, y ese plan es inclusivo, igualitario, industralizador. Alguien está pensando por vos y por todos, para que puedas ocuparte de las cuestiones del hoy sin tanta angustia por el mañana. Alguien está pensando el futuro por primera vez en décadas. Y lo está llevando a cabo.


Y ese futuro está acá, y va a seguir estando. En este oktubre vos podés decidir que ese futuro se siga construyendo y sea definitivamente nuestro.


He dicho.



viernes, 16 de septiembre de 2011

LÁPICES DE AYER, LÁPICES DE HOY

Se levantó tempranito como todas las mañanas. Desayunó. Puso a andar el lavarropas, agarró su celu viejo porque el nuevo no le gusta, la net, y se fue al colegio. Tiene diecisiete años y unas cuantas marchas ya. Se anotó en el UBA XXI y el año que viene me empieza la facu, parece que va a ser ingeniera. A veces dan ganas de acogotarla, como corresponde siendo hija única. Siendo hija, bah. Otras veces dan ganas de protegerla para que nada nada malo le pase nunca jamás. Todas, todas las veces me da un orgullo, pero un orgullo tan grande que no me cabe en el alma.


Volvió al mediodía medio enculada porque no pudo leer su discurso en el acto de la Noche de los Lápices. No pudo porque se suponía que debía ir como representante de su cole al acto del Pellegrini al que tampoco fue por desencuentros con los otros miembros de su centro de estudiantes. Y, a la final, el que hizo el discurso fue el presidente del centro, un boludito PRo al que le importa un pito la Noche de los Lápices, que le saca canas verdes y que después del acto quería hablar sobre la fiesta de la primavera, el desubicadito.


Regresó a su escuela a la tarde, para otro acto. Me mandó msj, no sé si con el celu nuevo o el viejo. Tampoco pudo leer su discurso pero estaba contenta porque lo de la tarde fue muy bueno, hablaron tres ex alumnos y tres delegadas, pasaron videos y fotos. Otra cosa.


Mi hija es una adolescente como tantas otras. Y distinta a tanta/os otra/os. Milita en su centro de estudiantes y a veces siente que lo hace al pedo porque a muchos de sus compañeros todo les chupa un huevo. Pero sigue porque cree que eso debe hacer.


Yo la veo, a veces con angustia, otras malhumorada, otras chocha como la gallinita. La piba transita su adolescencia con las idas y venidas propias de su edad. Va a los recitales, a la casa de su amiga, visita a su abuela. Una piba normal, como aquellos pibes de La Plata, como tantos pibes que pusieron el cuero. Una piba que puede meterse en política con tranquilidad, porque en esta Patria que le estamos construyendo ahora hay Justicia, gracias a un flaco que cuando llegó a presidente barrió con la impunidad.



En la tele pasan, desordenadas, las imágenes. Miles de pibes haciendo la cola para ver a Riqui Martin. Adolescentes despreocupadas, exultantes, con fotitos del ídolo, muñequeras, gorro bandera y vincha. Y está bien, qué joder. Está bien que esas chicas puedan elegir ir a un recital. La tele muestra otros miles de pibes marchando a la Plaza, por la memoria la verdad y la justicia, que puede parecer una consigna repetida pero no deja de ser cierta cuando se siente de verdad.



Pienso en mi piba, que empieza a juntarse y arremangarse por su país, y en aquellos pibes. Ella también los piensa. Está feliz porque empezó el juicio del circuito Camps y sabe que esos chicos que tenían su edad ahora van a tener Justicia.



Pienso en mi piba que se mete a hacer política y en mí, que no tengo los temores que tenían mis viejos cuando empecé yo, allá por principios de los ochenta. Pienso en mi piba y en aquellos pibes y en aquel país sin sol y sin colores y en esta Patria radiante que vamos haciendo tan de a poquito. Pienso en todas estas cosas, en la adolescencia de aquellos pibes, en la mía y en la de mi hjija y en la de las que están haciendo la cola para entrar al recital de Riqui Martin. Pienso en todas estas cosas y tantas otras que ahora tenemos y disfrutamos, y también en las que faltan. Pienso en los lápices robados de ayer y los que hoy pintan la Patria con colores nuevos. Definitivamente, tenemos Futuro.



He dicho.

jueves, 8 de septiembre de 2011

ZITTO, UN PUEBLO EN LA GARGANTA

Fue lo primero que escuché cuando me fui a vivir al Chaco. De una vieja radio verde oscuro salía un chamamecito lento, suave, apenas entonado por una voz tan dulce como profunda. "¿Qué es eso?", pregunté mientras engullía un delicioso guisito casero. “El negro Zitto Segovia” me dijeron unos ojos negros. Sonaba aquella voz por la Libertad, una FM de Resistencia que dio vuelta la historia de la radiodifusión chaqueña. El programa se llamaba “A mitad de la jornada” y se emitía, como ya sospecharán, al mediodía. Lo conducía quien luego sería mi amigo y maestro, Manolo Bordón, el primer tipo que confió en mí para hacer radio, que me dijo “Hay algo que no se compra, Tana, y es el criterio”, me enchufó un handy y me mandó a cubrir un quilombito de estudiantes. “Reluce la luna llena con enaguas de satén, te va contando un secreto que nadie puede saber... el viento te vuela lejos, del cabello hasta los pies”... cantaba el Zitto éste y mi corazón se abría a un sonido nuevo, con sabor a verano. Y ahí quedé, prendada de una voz sencilla, atenorada, como de alondra, que me cimbraba en el alma como el agüita fresca de la lluvia en una siesta de verano.

El Negro era el cantor del Pueblo chaqueño. Era como Gardel. La gente lo adoraba porque le cantaba sus cosas, sus dolores, sus historias, sus colores, sus sueños. El negro hablaba, con su música, de gentes concretas. Lucía de Arena. El Cacique Chamelraikin, que volverá con su pueblo de la muerte. Nocaut González, el hombre que en el mugriento baldío se volvía Luna Park. El negro Pavón, soldado muerto en Malvinas. El Ramón, perdida su vida por una mujer. Juana, la lavandera a la que no se le doblaba la espalda Juana jamás. Ricarda la criada de los Molina a los que crió ella. La Loca Margarita y sus solteros almanaques. Mate Cosido tigre ligero como perdiz. Exactos retratos chamameceados que se anudaban con la inundación y el trabajo, con el monte y el Cristo de los villeros y los negros de dientes blancos del Camba Cuá.

Pocas semanas después de llegar al Chaco, lo conocí. Veintidós años tenía yo y me había ido a una provincia casi ignota detrás del amor. No sabía que una vez que aquel amor se me fuera, me iba a quedar por amor a la provincia. Trabajaba en un pequeño barcito en la calle Perón, a cinco cuadras de la plaza central de Resistencia. Oficiaba de moza, lavaplatos, cocinera, creaba personajes y cazaba la viola y armaba la guitarreada, que se extendía hasta bien entrada la madrugada. En este barcito empezaron a caer los musiqueros, y un día se apareció el Zitto. Negro pintón, arrebataba al mujeraje como el viento norte, decían. Muy cara de chaqueño, ojos chiquitos mirada tranquila, crenchudo como negro peronista que era. El Zitto se sentó a la barra, se pidió una copa de vino, agarró un marcador y escribió en la pared del bar donde todo el mundo escribía cosas. “La casa es chica pero sucia”, escribió el muy hijo de puta con ese humor entre simplón y cínico del que hacía gala. Cagándose de risa me pidió la guitarra, mi guitarra, la que mi viejo me regaló para mis quince, y se puso a cantar.

El Negro reía, siempre reía. Una vez me pescó batiéndome el flequillo para que se me inflara, flequillo típico de finales de los ochenta. Me lo revolvió un poco él, al tiempo que se reía diciéndome “yo, tanto trabajo para aplastármelo y vos te lo despeinás”. Ya dije que era crenchudo el Zitto. Habrá pensado que era una porteñita tilinga y sospecho que tenía razón.

Empezaba a desmayarse de a poco el año 89 y el Zitto andaba con otros musiqueros chaqueños y correntinos haciendo un espectáculo que en ese momento debía estar en Francia representando al país en el festival internacional de folklore, pero no pudieron porque nunca llegaron los fondos para semejante viaje. “La Delegación” -como se habían llamado- estaba recorriendo los pueblos de las dos provincias, cuando los atrapó la muerte en un recodo del camino, barranca abajo, a orillas del Paraná. Se fueron con el río Zitto, Johnny Behr, Michel y el Gringo Sheridan, el Chango Paniagua y el Yacaré Aguirre. Y las dos provincias se hundieron en las sombras mas hondas que yo hubiera visto en mi vida


Se murió el Zitto. Eso fue lo que dijo Manolo por la radio, en un hilo de voz. Yo estaba preparando las mesas en el bar, eran cerca de las siete de la tarde. El Carlitos Miño había nadado hasta una imposible orilla, había buscado un teléfono, y había llamado a Manolo para que el pueblo se enterara de lo que había sucedido con sus cantores. Poco a poco empezaron a caer los amigos por el barcito, todos con una tristeza plúmbea, con el dolor en el gesto, en el aire, en el silencio, en el abrazo. Tarde, ya pasada la medianoche, llegó Manolo. Destrozado, el hombre que había perdido a su amigo, lloró en un vino. No recuerdo más de aquella noche del 8 de septiembre. Pasaron veintidós años. Los mismos que yo tenía cuando lo conocí. Desde aquel tiempo me acompaña la dulce voz del Negro.

Esta noche, en la Plaza España de Resistencia, musiqueros, cantores, y el Pueblo chaqueño, encenderán tres fogones: uno por Zitto, otro por Johnny, y otro por todos los trabajadores de la cultura que se han ido en estos años. Yo estaré mil kilómetros río abajo, con el corazón allá, agradecida a la vida porque me dio la oportunidad de ser una persona mejor, después de haber transitado esos días chaqueños que me dejaron amigos queridos, la costumbre de la siesta, los ojos llenitos del rojo de los chivatos cuando florecen en noviembre, un cierto andar más lento, un pensar más despacioso, un gusto distinto por la sencillez, el amor por el chamamé, un vino negro compartido, y la voz siempre presente de Zitto Segovia. Voz que hoy les quiero regalar, levantando una imaginada copa de vino, un ¡salud, compañero Zitto!, y un eterno sapucay.

He dicho




miércoles, 7 de septiembre de 2011

VACUNALA...

Vos sos mamá, como yo. Pongamos que tu piba tiene unos diez, once años. Querés lo mejor para ella, que no sufra, que ningún turrito/a le rompa el corazón, que estudie y se reciba y pueda trabajar de lo que le gusta y pueda vivir de eso. Esas cosas querés para tu piba. Que crezca sanita, como dice la abuela.



Vos sos mamá. Darías cualquier cosa por asegurarte su felicidad, pero sabés que eso no podés garantizarlo. Lo que sí podés garantizarle ahora, porque hay un Estado que banca eso, es que cuando llegue a los cuarenti, cincuenti, no se muera de un cáncer de cuello de útero. Suena duro, pero es así.


Vos sos mamá y capaz no lo sabés, pero unas cuatro mil mujeres por año se infectan en este país con el Virus del Papiloma Humano. Yo soy una de ellas. Por suerte no pesqué las cepas que están ligadas al desarrollo de cáncer cervical, pero aún así es -al menos- una molestia. Si hubiera tenido acceso a una vacuna, lo podría haber evitado.


Ahora tenés la oportunidad de evitarle a tu piba una enfermedad que podría llevarla a la muerte. Disculpame que sea tan brutal, pero estas cosas hay que decirlas como son. Mil ochocientas mujeres se mueren por año por cáncer de cuello de útero. Mil ochocientas. No es joda. El Estado dio cuenta de esto, como de tantas cosas, y se hace cargo de la salud de tu piba.


Hace unos meses la Presidenta anunció que la vacuna contra el HPV se incorporaba al calendario de vacunación obligatorio. La buena noticia que sigue es que a partir de octubre se implementa la campaña que protegerá del virus a unas cuatrocientas mil niñas nacidas en el año 2000. Y será gratuita. Te cuento esto porque yo vacuné a mi piba hace un par de años, y cada dosis (son tres) me salió más de cuatrocientos mangos.


No sé si te das cuenta. No es una medida cuyo impacto puedas verlo enseguida, como la AUH o la inauguración de una red de agua corriente. Vamos a ver, dentro de veinte o treinta años, que las mujeres ya no se mueren por un cáncer de cuello de útero en esta bendita Patria. Eso es porque tenemos un Estado que piensa y proyecta futuro. Un día de estos escribiré sobre eso.


Vos sos mamá. Andá y vacuná a tu piba.


He dicho.

miércoles, 17 de agosto de 2011

UN DOMINGO QUE NO SE VA

Las piernas duelen, están pesadas como si alguien las hubiera llenado con agua tibia. Hay un cansancio dulce, como ese después de un buen polvo -disculpen el ejemplo- cuando quedás exhausta y radiante, que es lo que sigue a un día de trabajo sostenido que termina en una victoria arrasadora y los festejos correspondientes. Es raro este cansancio lleno de orgullo. Una sabe que el cuerpo pasa factura por hacer lo que todo militante que se precie debe hacer en un día de elecciones: levantarse tempranito y trabajar, en el puesto que le toque, porque cada puestito de laburo, ese día, es una trinchera. Hay que cuidar voto por voto, porque cada boleta azul es el pasaporte para que nuestros hijos tengan un país cada vez mejor.

Es lunes. Pero el domingo no quedó atrás. Está acá, tan presente, en los huesos, en las ojeras, en esta sonrisa que no se va, no se va, loco. Y se agranda a cada minuto, al leer el clarinetesorete, al ver las caras de los periodistas de la TNs adentro. Pasan las diapositivas del domingo. La levantada tan temprano, cómo cuesta, puta madre. Agarrar la mochila cargada en la noche con las boletas, las carpetas para los fiscales, los desayunos. Él que arma los sanguchitos con pan negro (porque la dieta y el piripipí, aunque después vamos a zafarnos con los alfajores) mientras yo lucho por secar las crines, que hace frío y no es cuestión de salir con el pelo húmedo y después pescarse una peste. Después va a tocarme cebar el mate y untar el pan con mermelada dietética . Es parte del trabajo en equipo, porque dos son un equipo, sepanlónnn. Y después caminar esas cuadras, entre dormidos y contentos, porque esta vez sí, esta vez vamos a laburar sabiendo que nos espera el alegrón de la victoria, aunque a esa altura no tengamos idea de cuán alegrón iba a ser el alegrón. Qué distinto al madrugón de hace dos semanas, cuando íbamos a cuidar los votos que ni en pedo iban a alcanzar, lo sabíamos, pero igual hay que ir, eso y no otra cosa hace un militante, qué joder.


Un día tranquilo el domingo. La fiscalía general de una escuela, para algunos significa como ser jefe de los otros. Para mí es un estar al servicio de los compañeros que tienen que apoyar el culo en esa mesa, diez, doce horas, según lo que lleve el recuento. Mierda que hay que caminar. Conseguir agua para el mate, ir a buscar los almuerzos, cebarles mate o prepararles un café, estar atenta a que se arme alguún quilombito, que por suerte no se arma, a disipar alguna duda de los compañeros fiscales o de las autoridades de mesa, siempre toca algún presidente/a que no tiene la más puta idea. Y al final, sumar toda la escuela, juntar las carpetas y llevar los resultados al comando, llevar las buenas noticias y encontrarse con más. Es una linda tarea la de fiscal general. Sí. Debo acá agradecer y felicitar a mis fiscales que fueron y son leones: Mónica, Guille, Eduardo y Gabriel. Es un orgullo haber trabajado con ellos.


El recuento es una joda. Después de tantas horas en los mismos metros cuadrados una ya se divierte con los fiscales de otras fuerzas (fuerzas es una forma de decir, por supuesto). Los del PRO me aseguraban que no iba a salir contenta ese día. A esa altura ya casi dan pena. Como la vieja esa que - me cuenta Mónica - después de poner el voto en la urna dice "a ver si así se va de una vez, ésta...". Lástima, doña. Nos va a tener que aguantar al menos cuatro largos años más. La pila de boletas azules, sube, sube maravillosamente. Esa pila verde asusta un poco, pero no tanto, estamos en la capital. Nos vamos de la escuelita sin saber todavía cuánto, cuánto tenemos, por favor. Acá, ganamos.


La llegada al comando nos regaló el cominezo de la dicha más increíble. Nos vamos para el Intercontinental. Llega el primer msj de mi hija: dice que cincuenta. ¡Cincuenta! Son pocas mesas, puede bajar, me dicen. Ma qué bajar, pienso yo, pero me callo un poco porque respeto la prudencia que yo no puedo tener.


Piedras y Moreno es una fiesta descomunal. Hay pantalla, va a hablar Ella. Ahí está, nos pide mesura. Saluda a los otros precandidatos, habla de Néstor, abraza a su hija. Afuera, otra vez a moco tendido. La escucho arrobada, como que no me despierten, por favor, este es mi sueño y lo estoy viviendo. Pero estoy bien despierta y es el sueño de muchos, de la mitad del país (y la pesadilla de otros). Cantamos la marchita, saltamos, lloramos, gritamos. Hay viejos peronistas, largos sesentas, que cantan con todo el peso de sus años. Hay un muchachón, ahí atrás, pelo largo, unas cuantas canas, que se restrega los ojos tratando vanamente de secarse esas putas lágrimas. Hay tipos con pibes a cococho. Hay una mujer que dice sí, sí, Cristina, como si estuviera en una celebración evangélica. Y sí, esto es un evangelio, es la "buena noticia" para todos los argentinos: tenemos Cristina para rato.


La caminata de vuelta al barrio, nueve de julio hacia abajo, es más difícil que sacarse la sonrisa. Vamos despacito, pero caminemos. Lo vemos a Pérsico, caminando, solo. Llegamos al barrio, pedimos comida, empieza el desfile de cadáveres por la tele. La jornada no podía ser mejor, el futuro está acá. Vamos a festejarlo con ganas.


Es miércoles ya, voy terminando el posteo y el domingo no se me va del cuerpo. Hoy es 17 de agosto y anoche la Sole cantó una bellísima versión del himno, mitad zamba, mitad malambo. Se me ocurre que aquel general mestizo que fue el primero que soñó la Patria Grande debe estar muy muy orgulloso de esto que estamos haciendo.


He dicho.








jueves, 11 de agosto de 2011

LA HUMILDITA Y EL GAUCHITO GIL

"No voy a hacerme la humildita, la chiquita" dice la que tildan de soberbia, arrancándonos la sonrisa cómplice en medio de tanta emoción. Ya había arrancado fuerte la tarde. La entrada del Chivo Rossi desató una ovación reivindicatoria que desdijo auquello de que el peronismo no quiere a los perdedores.


Ella entra en medio de los papelitos. Entra y se adueña del espacio, del tiempo, de nuestros ojos, de nuestros corazones. Ella escucha a Amado que le dice que siempre va a votar positivo. Ella va hacia el atril, canta apesar de las bombas y los fusilamientos los compañeros muertos los desaparecidos no nos han vencido. Ella canta, canta.


Ella habla tranquila, entre compañeros. Se sabe querida, contenida, admirada. Nos habla de amor, nos cuenta del corazón de Néstor tan grande que le estalló el pecho por cuidarla, por defenderla, por quererla. Por quererla, dice, y a una - que es una romántica empedernida- se le caen los mocos sin remedio, mal. Ella nos habla del País que construimos, del orgullo por nuestra educación pública, del mundo que se cae a pedazos y nosotros tan campantes, de los sueños de Néstor, de su familia, de las turbulencias que tuvo que pasar, de Néstor otra vez, que debe estar más tranquilo ahora. Ella habla serena y emocionada, habla con los ojos húmedos. Ella es enorme, sencillamente.


Yo la miro en medio de los mocos irrefrenables. Lloro a baldazos y me pregunto qué tiene esta mina que me puede, que me mata. Cómo hace. Es una presidenta. Es mi presidenta y parece que fuera mi parienta, una prima muy querida, mi hermana. La miro y pienso en mi hija, en la Patria que le estamos dejando y es esta mina que está ahí, en el escenario, quien se pone al frente de la lucha, llenando todos los espacios de combate. Un combate de amor que persigue el último objetivo de un Pueblo feliz y una Patria grande.


La miro y me pregunto cuándo hubiera pensado yo que iba a emocionarme así con un gobierno. Cuándo se me ocurrió la peregrina idea de que un gobierno nacional iba a retomar las históricas banderas que me legó mi viejo y las iba a hacer política de estado. Cómo iba a suponer siquiera dormida que alguien iba a reparar, de a poquito pero firmemente todo el daño que se ha hecho a nuestra Patria, a nuestro Pueblo, a nuestros pibes, a nuestos viejos, a nuestras mujeres. Y les iba a dar un Futuro.


La miro y no entiendo de dónde mierda saca tanta fuerza, tanta entereza en medio de su dolor, en medio de los embates impiadosos de los hijos de puta de siempre. Y encima nos dice que no nos enojemos con ellos, que no entienden. Y la verdad es que entienden, pero ella levita a quince centímetros del suelo, está por encima de todos. Y ellos lo saben, puta que lo saben. Pero el odio le hace más daño a quien lo emite, dice ella, y se los lleva puestos una vez más.


La miro y sé que soy una privilegiada, somos privilegiados por tener esta presidenta. A mi lado, el Ga, con su nudo en la garganta y sus lágrimas que se seca de vez en cuando, también lo sabe.


Ella termina de hablar. Dar es dar, canta Fito y ella baila, en medio de su dolor, ella baila, puta madre. Qué mina.


Detrás de mí, dos muchachones grandes, de impecable traje, tienen los ojos húmedos. Un par de filas más atrás, dos tipos grandes, campera, pinta de laburantes, cincuentipico largos, la miran. Serios, como reconcentrados. Me pregunto qué es lo que están pensando. Seguramente ellos tampoco pueden creer lo que nos está pasando. Seguramente llevan en sus cueros las heridas de los sueños destrozados, que hoy reviven y se pueden palpar.


El acto terminó. Nos vamos quedando para verla hasta último momento. "Si mi Presidenta no se va, yo tampoco" dice el Ga y me enamora más. No lo sabe, no se lo cuenten.


Hay una valla al costado de la platea. Un compañero nos dice que ella va a salir por ahí. Primero no creemos, pero ahí está Ricardo Foster, que no se mueve. Y hay muchos monos ahí dentro del corralito, disculpen la palabra. Y ahí lo veo al fotógrafo presidencial, oséase. Esperemos. Van saliendo los ministros, los gobernadores. Ahí está el Coqui, no fue de vice esta vez, le pongo una ficha para el 2015, me gusta. Y alli viene. Ella.


Se va acercando y saluda uno por uno a todos los que estamos detrás de la valla. Yo estoy rodeada de hombres. Ella me ve, creo que reconoce que soy la única mujer en cinco metros a la redonda. Viene, me saluda, un beso. Un beso a mi presidenta, semejante mina, puta madre. Se me esta yendo y yo tengo en la mano la estampita del Gauchito Gil que llevo siempre en mi billetera y saqué para dársela, como lo más propio que tengo. Se me está yendo y le agarro la mano, se la abro y le pongo la estampita. Ella registra, mira su mano, mira la estampita, y lo reconoce. Sabe quién es el Gauchito. Se le humedecen los ojos y me mira, agradeciéndome. Porque ella es del Pueblo, es así, humildita.


He dicho


ESTE BLOG ESTA ORGULLOSO DE SER PARTE DE LA MIERDA OFICIALISTA