
jueves, 30 de julio de 2009
DIÁLOGO Y CONSENSO O MARCHE PRESO

miércoles, 29 de julio de 2009
EL EFECTO BERLUSCONI (o cómo a CQC se le escapó la tortuga)

Que CQC entró hace rato en franca decadencia no es novedad alguna. Que desde una irreverencia rayana en la necedad pusieron incómodos a más de uno o quedaron como unos pelotudos, indistintamente, tampoco. Muchio menos novedoso es que el programejo de marras fue perdiendo calidad discursiva a lo largo de los años, y que Gonzalito y Ernestina ni por casualidad alcanzan al cubrir el bache dejado por Pergolini, De la Puente y las Cucarachas, que si bien eran bastante estúpidos últimamente, al menos desgranaban unas cuantas frases ingeniosas en cada programa.
El lunes pasado, mientras todo el cholulaje estaba babeando con la presencia de la Vieja Arpía en lo de Tinelli, pasaban cosas en Telefé. Promediando el primer bloque, Ernestina empezó a decir que tenían un material exclusivo que comprometería fuertemente al Ministro de Economía, Amado Boudou. Fotos que hablaban de un "oscuro pasado" de Boudou. ¡Alamierda! - dije yo, así, todo junto - l¿o habrán pescado desviando fondos de la Anses? ¿Recibiendo alguna coima? ¿Entrando a un telo con una menor? Acto seguido, la amenaza: "Sr Ministro, lo estamos llamando, atienda el teléfono o ponemos las fotos al aire" o - ya en un tonito más mafioso- "le damos hasta que termine la próxima nota para que nos llame" . Carajo - pensé - cuánta impunidad que te da una cámara y un micrófono...
Como el Ministro churro no es ningún gil de lechería, occcccc-viamente no llamó. Y los tipejos pusieron las "explosivas" fotos en pantalla: una del muchacho, supongo que a los eintipico de eños, si es que llegaba, con una remerita rosa floreada y actitud de pepepepepepepppp. La segunda, misma época, abrazando a una morocha en tanga. La tercera, misma época, en una cabina de DJ. ¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhh bué!!!!! ¡¿Y éste era el escándalo?! ¿QUE UN PENDEJO ANDE FIESTEANDO? Ja de joderrrrrrrrrrrr...
La rama pendenciera de Aluvión Zoológico pudo saber que en el archivo de la producción de CQC se encuentran, a la espera de ser utilizados, los siguientes testimonios:
- Una foto de Aníbal Fernández pateando tachos por el Docke
- Un cassette con la voz de Alicia Kirchner cantando El Elefante Trompita
- Una bolita de moco prolijamente realizada por Florencio Randazzo
- Una carta de amor de Nestor a su maestra de primer grado (con faltas de ortografía)
- Un rulero de Cristina con restos de tintura
- Una foto de Carlos Tomada mirándole el culo a una de las chicas de la UES
- Un VHS con la imagen de Nilda Garré bailando el hula hula en su despedida de soltera
- Una cinta abierta de Coscia puteando después de haberse agarrado un dedo con la puerta
Para contrarrestar el clima destituyente que se crearía a partir de tales testimonios (¿en manos de quién estamos? preguntó Di Natale), la rama pendenciera de Aluvión Zoológico está dispuesta a hacer llegar a la justicia pruebas irrefutables de que la oposición también tiene muertos en el placard:
- Una foto de Cleto serruchándole las patas de la silla a su compañerito de banco
- El boletín de 1er grado del niño Maurizio con tantos insuficientes como inasistencias
- La garbación de un diálogo entre De Narcováez y su sirvienta, intentando convencerla de que le enseñe cosas
- La filmación de Biblita tirándose un pedo en un concurso de belleza y echándole la culpa a la participante de Machagai
- Una grabación en magazine de Biolcatti explicando cómo se hace para tirar manteca al techo
- Una foto de la Michetti TRABAJANDO (trucada)
Será justicia.
miércoles, 22 de julio de 2009
HARTA YA DE ESTAR HARTA

No recuerdo haber hablado alguna vez de tener el pescado al horno, no es una frase que me caracterice. Pero puede ser, mi memoria es bastante selectiva, de las boludeces trato de no acordarme. Pero si te considerás un pescado, ha de ser que lo sos, y ese comentario tuyo lo confirma a rajatablas.
Se evidencia en tu prosa resentida que quedaste calentito lo pancho, lo cual me tiene sin cuidado. No tengo pescado, ni al horno ni en el freezer, porque a los pescados como vos les huyo rápidamente, no sea cosa que me contagie el olor a podredumbre que destilan tus palabras. Lo que opines respecto a si soy una vendida o no, me chupa literalmente un huevo. Yo sé lo que hago, lo que pienso y por qué, y no le debo explicaciones a nadie, menos a un zapallo como vos.
Pero ¿sabés qué? TE METISTE CON MI HIJA, REVERENDO PELOTUDO. Y eso no te lo permito ni a vos ni a nadie. Ese detalle de mala leche provoca que me tome el trabajo de contestarte con estas líneas.
Hay que ser muy hijo de puta para mencionar a una criatura en un bardeo personal, muy, pero muy hijo de puta. Y hay que ser MUY, PERO MUY CAGÓN para bardear una mina por el sólo hecho de que no te dio bola.
Y hay que ser DOBLEMENTE CAGÓN para hacerlo esde un teclado, anónimamente. Eso pinta tu baja estofa, imbécil.
Da la cara, cagón. Y los saludos metételos en el orto.
He dicho
martes, 21 de julio de 2009
ES PARA LA OPOSICIÓN QUE LO MIRA POR TV

viernes, 17 de julio de 2009
YO QUE NO CAZO UN FULBO...

sábado, 11 de julio de 2009
PREPAREN EL MATE Y LA FATURA...

viernes, 3 de julio de 2009
LA "GENTE" ES ESTÚPIDA

Hoy, tipo dos de la tarde, anduve en succcc-te, medio al que generalmente le huyo, prefiriendo el bondi o las patas. Pero bué, tampoco la pavada, cuando una anda con poco tiempo para atravesar la capi, mejor tomarse el succc-te. Y hete aquí que me encuentro, en el consabido medio, con un montón de minas (habitualmente son minas, sí, parece que llegamos tarde al reparto de discernimiento) con barbijo. Una con barbijo floreadito, hecho en la casa, occcc-viamente. Las que no, tapadas boca y nariz con… la bufanda, a las dos de la tarde, con casi 20º de temperatura!!! Y después iban, muy sueltitas de cuerpo, subían por la escalera mecánica, agarrándose juerte del pasamanos… Y yo largué la carcajada en medio de la estación Acoyte y la “gente” me miraba como si estuviera loca, que capaz que sí, loca pero no pelotuda. Me daban ganas de estornudar fuerte, a ver qué hacían.
He sabido de estúpidos que se llevan de a diez las botellitas de alcohol en gel (estúpidos y poco solidarios). Ahora descubrieron que el alcohol común también sirve, y por lo tanto resulta una hazaña digna del relato de Virgilio encontrar en lo del chino amigo una botellita del viejo y querido alcohol, o lisoform, o lavandina. Cosas que una usa con o sin gripe chancha.
La “gente” está como loca porque cree que los 100.000 infectados que dijo Manssur son confirmados y no presuntos (y que se los trata como si efectivamente tuvieran gripe A para mayor seguridad). Porque hay 44 finaditos por este asunto. Y no se pregunta (ni le importa) cuántos muertos tenemos por año por gripe común, por abortos mal hechos, por chagas, por lo que mierda fuere. La gente está como loca porque cree que el gobierno esconde los números, que tenemos más infectados en la Argentina que en todo el mundo, que no hay remedios, que la mar en coche.
Hay que decirlo: la “gente” se come cualquiera. En este estado de cosas, así como para el mundial somos 40 millones de directores técnicos, ahora somos 40 millones de expertos en infectología, empezando por los empleados de empresas periodísticas que supimos conseguir.
Acaba con el stock de barbijos en pocos días, no cree en las cifras del INDEC pero sí en las de las consultoras privadas que ya se demostró el domingo cuán eficaces son, no se da cuenta de que ahora hay más gente con trabajo que hace seis años, entiende que el modelo neoliberal que la sumergió en la miseria en los 90 ahora va a salvarla, vota a cualquier idiota tatuado por más narcotraficante que sea, supone que Pino va a hacer algo, presume que Gabriela va a hacer lo que no hizo nunca, oséase laburar, deduce que todo los males de este mundo son culpa de Cristina y su “soberbia”. Entiende que este país se sostiene gracias al “campo” e imagina que los popes de la mesa de enlace son humildes trabajadores de la patria que se desloman de sol a sol…
miércoles, 1 de julio de 2009
ME LO CONTÓ MI VIEJO

Para contarme esas historias, mi viejo buscaba el momento especial, que no siempre era antes de dormir. A veces era cuando llegaba, y golpeaba la puerta con un t a- ta- ta tata, y nosotros gritábamos “PA -PÁ”, y nos tirábamos encima, y buscábamos en los bolsillos de la campera algo, unos pocos caramelos que el tipo separaba de su pobreza para los tres pibes. Y se largaba a contar, y hacía efectos con la voz, y gesticulaba, y por ahí apagaba la luz para que el “mostro” nos diera más miedo.
Pero había una historia que contaba siempre, y era distinta. Porque la contaba de a pedazos, y no la inventaba. Lo primero que me contó fue que cuando él era chico salió un día a la vereda y vio cómo venía un montón de gente, mujeres con sus pibes, caminando por la Avenida Almafuerte, y que los policías no se animaban a hacerles nada. Que venían gritando un nombre. Que era el nombre de un señor muy bueno que meses después fue presidente y le hizo llegar –a mi papá- los zapatos y el delantal para que fuera a la escuela.
Que se llamaba Perón. Que el pueblo lo amaba porque les había dado dignidad, trabajo, vacaciones, aguinaldo. Que antes de él hasta las cucharitas de té eran inglesas y que con él empezó a crecer la industria nacional, y que eran nuestros el petróleo, el carbón, los trenes, y hacíamos autos, barcos y aviones.
Y que se había casado con una mujer hermosa y buena, como un hada, a la que la gente llamaba Evita, que quería mucho a los chicos y a los viejitos y trabajaba hasta muy tarde para hacerlos felices. Y que un día se había muerto de tanto trabajar, y todo el Pueblo la lloró durante muchos días y se hicieron cuadras y cuadras bajo la lluvia para darle un último beso.
Me contó que después de que se murió Evita, Perón ya no era el mismo. Porque parece que Evita le decía quiénes eran los buenos y quiénes los malos y sin su ayuda, él no era igual. Pero, de todos modos, había mucha gente de mucha plata que no lo quería a Perón porque Perón estaba a favor de los pobres, de los trabajadores, y no de los patrones, y que como los patrones ganaban menos plata (mucha, pero menos), fueron a pedirles a los militares que lo sacaran a Perón. Y los militares lo sacaron y hasta prohibieron decir su nombre, pero la gente lo decía igual, bajito, y decían que iba a volver. Pestes me hablaba de los militares, mi papá. Que habían fusilado peronistas y que se robaron el cadáver de Evita. Cómo odiaba a los militares, mi viejo. Y también odiaba a la Iglesia, a la Iglesia llena de oro que también quiso sacarlo a Perón, y por eso los peronistas habían quemado las iglesias del centro, después de que los militares habían bombardeado la Plaza de Mayo desde unos aviones que tenían una cruz en la panza. Por eso odiaba a la Iglesia, mi viejo. Y también porque en plena ceremonia del casorio el cura le había pedido la plata y mi viejo le dijo que sí, pero después tardó un montón en mandársela, de bronca nomás, porque los casamientos no tenían que cobrarse, pero él se había comprometido.
En medio de esas historias, Perón, que había vuelto y ahora era presidente, se murió. Y yo lo ví llorar a mi viejo. Triste, triste como también me puse yo, porque se había muerto un hombre bueno gracias al que mi papá había tenido zapatos y delantal.
A medida que fueron pasando los años, las historias de elefantes y patitos fueron sumergiéndose en nada. Pero la historia de Perón, seguía. Ahí ya empezó a hablarme de la Constitución del 49 y el Estatuto del Peón, y del IAPI y la resistencia con los loros peronistas y los caños. Y un día, como al pasar, me tiró un ejemplar de “Conducción Política” y un libro sobre la vida de Evita. Y me cagó, el viejo. Me hizo irremediablemente peronista.
Cumplí dieciocho años un día, y lo primero que hice fue ir a afiliarme. Aún cuando ya había sufrido la derrota del 83.
Tonce, patito amarillo, crecí y empecé a leer otros libros sobre el peronismo, y a escuchar a gente que contaba otras partes de la historia. Y descubrí a un Perón frío, otro viejo, uno de derecha y otro revolucionario, uno calculadamente simpático y otro duro, tan duro…
Supe, y ya no pude decírselo a mi viejo, que Perón tenía tantas caras y matices que a veces era difícil de entender. Y que aún así, yo seguía eligiendo ser peronista. Porque Perón, sobre todas las cosas y aún por sobre sus claroscuros, era el hombre que había hecho feliz al Pueblo.
Lo extraño es que, aunque ya también hace años murió mi viejo, esta historia que me contaba, aún no termina