"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." ARTURO JAURETCHE

lunes, 1 de diciembre de 2008

LA GAVIOTA


I – Sueños

Es la Patria
que reclama urgente
el tiempo extraño
preñado de violencia
la mujer esta presente
en el lugar exacto
para parir
la dulce primavera
con sus ojos enormes
el fusil atento
la ternura y la rabia
con sus manos justicieras.
vamos a hacer
el hombre nuevo
para que bailen al fin
los hijos de la tierra.


II – Traiciones

Cuánta sangre cabe
en una cartera
un papelito idiota
quién puede juzgar
Los compañeros se derrumban
por una lengua torturada
o no –quién sabe-
quién puede gritar
Qué beso le dio Judas
para dejarla en penumbras
con los grilletes puestos
quién puede pelear.
La viuda asiste a su entierro
se llora y se consume
en la lentitud de la hora
quién resiste en ese lugar


II – Agonías

Ya no más
no más dolor
por la sangre cansada
de morir tanto,
viene la muerte
la muerte tan vivida
la muerte postergada
la muerte de un año
la que dejó los huesos,
el aire
la que quebró las carnes
pero no los ovarios

¿dónde está mamá, y la leche tibia?
¿dónde las medias azules, la tinta y el secante?
¿en qué rincón se descaminó el sueño?
se pierden los ojos delineados...
ya no hay recuerdos
se borra La Calera, Timote, Ezeiza...
se desdibujan las caras
los brazos de Fernando,
el hijo que no fue...
Gustavo, Carlos, Mariano, Liliana... compañeros...
si Evita viviera... ¿qué pasa, General?
se acerca la última puteada, el definitivo carajo...
quedarán en el aire como el cuerpo lívido,
ausentes de la piel escarchada de fiebre,
flotando en los pechos yertos,
derrumbándose por mis muslos desgarrados

Apenas semilla
oscura y pequeña
en la soledad
busco mi banquito
me eclipso a su sombra
que es luz
sobre los viejos tiempos
enciendo el cigarrillo
y se agiganta en el humo
la figura tenue
el silencio que duele
en el cuerpo marchito.

No hay retorno, no hay fuga
ya se va terminando el tiempo de morir
galopa la partida en las venas
como un sueño pesado que no acaba
Ya basta, que sea de una vez
es el cansancio de tanto irme
la sangre quemada, las entrañas revueltas,
el grito que se ahoga en la garganta
Un año muriéndose es mucho
se parten los dedos, se apagan los ojos,
se va durmiendo el estómago
se quiebran las alas
Pero queda en pie el silencio
el orgullo intacto, la lengua escondida
el escupitajo a los verdugos,
mi pequeño coraje de no decir nada.

Roxana Balsarini, junio de 2002

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